Se ha convertido en una tensión habitual en algunas ciudades de Estados Unidos que por las noches se expanda el temor de la violencia que desencadenan las protestas contra abusos policiales y el racismo generalizado, manifestaciones que son confrontadas por seguidores de Donald Trump o integrantes de grupos extremistas de derecha.

Louisville, Kentucky, es el nuevo epicentro de las protestas raciales en Estados Unidos, y se preparaba ayer ante el peligro de que por la noche se reprodujeran los disturbios de la noche del miércoles, en los que dos policías resultaron heridos de bala y hubo decenas de detenidos.

El joven que en la noche del miércoles disparó a los agentes durante las protestas raciales por el caso de Breonna Taylor fue acusado de dos cargos de agresión contra la Policía.

El hombre, identificado como Larynzo Johnson, de 26 años, fue detenido después del incidente y, según las autoridades de Louisville, fue acusado de catorce cargos de imprudencia temeraria y dos de agresión a un oficial de la policía.

Según la citación judicial, Johnson demostró “una enorme indiferencia por el valor de la vida humana”, poniendo a los agentes en peligro de muerte o de sufrir lesiones graves.

 

AR

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