El expresidente de San Pedro Cholula, José Juan Espinosa Torres se convirtió en el beso del diablo para un viejo lobo de mar en la arena pública como Porfirio Muñoz Ledo, el empecinado enviado del grupo de Bertha Luján para jugar por la dirigencia nacional de Morena, en contra de Mario Delgado Carrillo, aún coordinador de la bancada mayoritaria en la Cámara de Diputados.

Para el diputado local, la sola probabilidad de que el ex dirigente nacional del PRI entre 1975 y 1976 y del PRD, en el periodo 1993-1996 asuma la conducción del partido en el que militan Andrés Manuel López Obrador y Luis Miguel Barbosa, presidente y gobernador respectivamente, es la última tabla de salvamento frente al cúmulo de irregularidades detectadas como edil cholulteca que lo convirtió en un acaudalado terrateniente en Atlixco.

La desaforada promoción de Muñoz Ledo el fin de semana en Puebla lo llevaron a usar plataformas de difusión en las que era invitado, no administrador.

La desesperación por sembrar la presencia del septuagenario político en la escena local no tiene nada que ver con el sano ejercicio de estimular la pluralidad en un partido como Morena, sino el de cumplir una misión de la grilla palaciega en la Ciudad de México, que el diputado local aprovechó para asirse como clavo ardiente.

Para encontrar el origen de la misión encomendada a José Juan Espinosa es suficiente leer con detenimiento la Carta Abierta que senadores, diputados federales y locales hicieron publicar para demandar a Alfonso Ramírez Cuéllar y la propia Luján, legalidad en el proceso de designación de la nueva dirigencia.

Una firma ausente y emblemática es la del coordinador de los senadores de Morena, Ricardo Monreal Ávila, quien desde el proceso interno para la elección de la dirección nacional de Morena advirtió el juego sucesorio en 2024, para el que busca ser candidato y suceder a López Obrador en Palacio Nacional, una aspiración compartida por el Canciller, Marcelo Ebrard.

Espinosa Torres no es siquiera militante del Movimiento de Regeneración Nacional. El oportunismo que lo ha caracterizado lo ha llevado por militancias y grupos de poder diversos desde el tiempo en que el priista Mario Marín gobernó el estado de Puebla, hasta Rafael Moreno Valle, que en diversas ocasiones le perdonaron irregularidades documentadas con amplitud.

Muñoz Ledo cayó en la trampa en Puebla, sin conocer a profundidad el microcosmos poblano. Aceptó ser placeado en un conversatorio impulsado por un personaje local con ínfima calidad y estatura política que busca encontrar, otra vez, que los grupos de poder perdonen u olviden la voracidad para hacer negocio desde la esfera pública.

Haber promovido a Porfirio Muñoz Ledo como el “Presidente Electo de Morena” se convertirá en el último gesto de arrojo de un candidato… al cadalso en un plazo perentorio.

 

@FerMaldonadoMX

Parabolica.mx por Fernando Maldonado