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lunes 26 de octubre 2020 , 4:36 am

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No es una ola, es un tsunami

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Le quedan dos meses y medio al año 2020 y el panorama europeo no parece mejorar. Todo lo contrario, los días venideros se vislumbran complejos, posiblemente más difíciles de los que vivimos hace unos meses, cuando este virus se instaló en nuestras vidas. Pero todos parecen sentirse un poco más tranquilos, acostumbrados tal vez a la fragilidad y al miedo.

¿Realmente estamos preparados para esto? La segunda ola del Covid-19 es una realidad en Europa y está más que instalada en Alemania, donde se repite que esto más bien parece un tsunami. Y es que tan sólo este 14 de octubre el país registró 5 mil 132 nuevos contagios, el nivel más alto desde abril. Y en todo el continente, el coronavirus se ha convertido en la quinta causa de muerte.

Dentro de las nuevas reglas destacan: el toque de queda de restaurantes y bares, el aumento de multas si no se utiliza el cubre bocas correctamente y el uso de una aplicación de advertencia para frenar las incidencias de infecciones. Esto aunado a una serie de pruebas rápidas que permitirán encontrar los focos de infección.

Las medidas responden a un mensaje claro de las autoridades alemanas; se hará absolutamente todo para  evitar otro confinamiento y mantener la economía. Una economía que hoy parece estar jugando al “estira y afloja”.

Pero a pesar de esta difícil perspectiva, las malas noticias se sienten más ligeras, como parte del día, ya no son una sorpresa para nadie y cada persona en este lugar ha buscado sus armas para defenderse de esta guerra.

Un guerra que al principio nadie sabía de qué se trataba. Hoy parece entenderse un poco mejor. Berlín ha cambiado en muy poco tiempo y lo ha hecho desde su movilidad, en la que le ha dicho adiós al automóvil y le ha abierto las calles a los peatones y a las bicicletas. Ha dado asilo a los estudiantes y turistas varados, y se ha reinventado para continuar la batalla.

El miedo del migrante

Sin embargo, el sentir del expatriado es otro tema escabroso. Si bien el simple hecho de vivir en otro país nos obliga a partirnos en dos, la fragilidad de este virus empeora las realidades.

Muy poco sabemos de la realidad que existe del otro lado del mundo, donde se encuentran nuestras familias nucleares. Las fechas de regreso se han ido postergando cada vez más y al menos en Alemania la cancelación de vuelos hacía México se ha convertido en una constante.

Este virus no sólo pone en riesgo nuestra salud y vida, sino que cambia por completo nuestros planes y decisiones de volver a nuestro país de origen. En este año nos hemos acostumbrado al temor de perder en un segundo todo, pero también ha sido una oportunidad para anclarse a lo que tenemos ahora.

Este tsunami ha llegado y es incierto pero lo recibimos con todo lo aprendido en estos meses, con nuevas armas y con la cabeza mucho más fría.

 

@dianaegomez

Cartas desde Berlín por Diana Gómez

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