Las previsiones aritméticas que plantea el proceso electoral local 2021, al que este martes 3 de noviembre dará formalmente arranque el Consejo General del Instituto Electoral del Estado (IEE), pasan inexorablemente por el duelo de estructuras partidistas: tendrá más oportunidad de triunfos el partido que más movilizadores y operadores capaces tenga.

La premisa parece una obviedad, pero no lo es del todo. En las elecciones en que hay una amplia, genuina y espontánea participación ciudadana, siempre las estructuras partidistas quedan pulverizadas.

Ocurrió en el año 2010, cuando en las urnas ganó el morenovallismo, para comenzar con su oscuro periodo en la historia.

La prueba más reciente de que el voto ciudadano espontáneo aniquila a las estructuras es el año 2018, cuando, por ejemplo, muchos de los candidatos priístas a diputados locales y federales superaron el número histórico de votos obtenidos por su partido en sus distritos, pero no fue suficiente para vencer a los abanderados del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), que los superaron en promedio tres a uno.

Las cifras que son referencia inmediata, de los comicios de Hidalgo y Coahuila, y las más recientes de Puebla, nos están adelantando que el abstencionismo el 6 de junio de 2021 será superior a 60 por ciento.

En Hidalgo, el domingo 18 de octubre el abstencionismo fue de 51.14 por ciento; en Coahuila ese mismo día quedó sin votar 60.62 por ciento de la Lista Nominal.

Un nivel de abstencionismo muy alto, incluso para elecciones intermedias, en las que no está en juego la gubernatura, y que suelen ser menos apasionantes; a eso hay que sumarle la pandemia del Covid-19.

De ahí, hay que cruzar ahora el dato estrictamente poblano de 2019, con el proceso extraordinario, en el que apenas acudió a las urnas 33.41 por ciento de los ciudadanos inscritos en la Lista Nominal.

Las estructuras partidistas tomarán un papel indispensable en los resultados del Proceso Electoral Local 2020-2021, que renovará 217 alcaldías, con sus mil 810 regidurías, las 26 diputaciones de mayoría relativa y las 15 plurinominales, y que es concurrente con el federal, que en Puebla tiene 15 curules de mayoría en disputa.

Para todos los partidos, tal vez a excepción del Revolucionario Institucional (PRI), que hasta el domingo ya había renovado 132 de sus comités municipales, la carrera por consolidar una estructura sólida es a contrarreloj. Era para ayer.

Morena es gobierno en el estado, varios municipios y tiene la mayoría en el Congreso. Sin embargo, tiene una dirigencia guanga que, incluso, ha sido evidenciada por el gobernador, como un grupo acomodaticio que jugó en su contra en 2018, cuando Miguel Barbosa Huerta ganó por más de 10 puntos en las urnas, pero una avalancha de corrupción y complicidades le quitó el legítimo triunfo.

Como a Morena, a los muchos de los demás partidos les están pasando de largo los días sin aceitar la máquina que, todo nos hace prever, definirá los resultados en las urnas. Sí, era para ayer.

 

Piso 17 por Álvaro Ramírez Velasco