En los árboles, a unos 90 kilómetros de la capital del estado de Rondônia, en Brasil, los investigadores brasileños buscan saber cuánto carbono puede ser almacenado en diferentes partes de la selva tropical más grande del mundo, ayudando a frenar las emisiones de la atmósfera que fomentan el cambio climático.

“Es importante porque estamos perdiendo bosques a nivel mundial”, dijo Carlos Roberto Sanquetta, profesor de ingeniería forestal de la Universidad Federal de Paraná en Brasil.

“Necesitamos entender cuál es el papel que juegan los bosques”, tanto en la absorción de carbono cuando se deja intacto, como en su liberación cuando se destruye.

Sanquetta dirigió la expedición de la investigación que duró una semana durante el mes de noviembre, supervisando a un equipo que incluía a un botánico, agrónomo, biólogo y varios otros ingenieros forestales para tomar innumerables muestras de vegetación, viva y muerta, para su análisis.

Es un trabajo riguroso y elaborado, a menudo en condiciones húmedas e infestadas de insectos, que involucra motosierras, palas, sacacorchos y calibradores.

“Estos no son científicos de bata blanca que simplemente dan conferencias a la gente”, dijo Raoni Rajão, quien se especializa en gestión ambiental en la Universidad Federal de Minas Gerais y que no está involucrado con el equipo de Sanquetta. “Son personas trabajadoras que se ensucian las manos”.

Las muestras se llevaron de regreso al laboratorio, donde el equipo las secó y pesó, antes de incinerarlas en una cámara de combustión seca que les permite medir la cantidad de carbono que contienen.

El equipo midió 20 parcelas durante una semana de trabajo en noviembre. El objetivo final es 100 parcelas para este año.

El trabajo ofrece “una forma de medir la salud del planeta”, dijo Rajão, pero también “la rapidez con la que se podría curar el planeta”.

LOS ÁRBOLES SON LA FORMA MÁS FÁCIL DE ELIMINAR EL CO2

El equipo brasileño es sólo un contingente entre cientos de investigadores que buscan medir el carbono en el complejo y ambientalmente crucial ecosistema de la selva amazónica, que se extiende por más de cinco millones de kilómetros cuadrados en nueve países.

Algunas investigaciones sólo buscan cuantificar el carbono en los árboles, pero Sanquetta dice que el enfoque de su equipo es holístico, midiendo el carbono en la maleza, el suelo y también en la materia vegetal en descomposición. Además, su equipo está mirando más allá del bosque primario, examinando áreas reforestadas para arrojar nuevas luces sobre cuánto carbono contienen, información clave para incentivar los esfuerzos de restauración.

El dióxido de carbono (CO2) es el más común de los gases de efecto invernadero, que retiene el calor en la atmósfera terrestre. Los árboles absorben el dióxido de carbono de la atmósfera y lo almacenan como carbono, una de las formas más baratas y sencillas de reducir las emisiones.

Sin embargo, el proceso también funciona a la inversa. Cuando los árboles se talan o se queman, a menudo para dar paso a granjas o pastos para vacas, la madera libera CO2 a la atmósfera.

“Cada vez que hay deforestación, es una pérdida, hay una emisión de gases de efecto invernadero”, dijo Sanquetta, quien es miembro del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU, la principal autoridad mundial en ciencias del clima.

Jair Bolsonaro fomenta la deforestación

Con las tasas de emisión actuales, se espera que las temperaturas globales aumenten alrededor de 2.9 grados Celsius para 2100, según el consorcio sin fines de lucro Climate Action Tracker, superando con creces el límite de 1.5 a 2 grados necesario para evitar cambios catastróficos en el planeta. 

La deforestación en el Amazonas se ha acelerado durante la administración de Jair Bolsonaro, el presidente derechista de Brasil. Desde que asumió el cargo en 2019, se han liberado al menos 825 millones de toneladas de CO2 producto de la desforestación del Amazonas brasileño.

Eso es más de lo que emiten todos los automóviles de pasajeros de Estados Unidos en un año.

En un comunicado, la oficina del vicepresidente brasileño, Hamilton Mourão, quien lidera la política amazónica del gobierno, dijo que el aumento de la deforestación es anterior a la actual administración y que el gobierno ha estado trabajando las 24 horas del día para frustrar la minería destructiva y el tráfico de madera.

“No hemos logrado el grado de éxito deseado, pero podría haber sido peor”, dijo el comunicado.

LO QUE DEBES SABER

  • Los hallazgos preliminares indican que plantar una mezcla de especies amazónicas es más efectivo para aislar carbono que permitir que el área vuelva a crecer naturalmente.
  • El descubrimiento también sugiere que no hay sustituto para los bosques intactos: una hectárea de bosque virgen de Rondônia contiene un promedio de 176 toneladas de carbono, según el análisis de Sanquetta con los datos del Ministerio de Ciencia de Brasil. En comparación, una hectárea de bosque replantado después de 10 años contiene alrededor de 44 toneladas y las fincas de soja tienen un promedio de sólo dos toneladas.

 

AR

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