Una espectacular fotografía del candidato a diputado federal, Mario Riestra Piña, luce a la entrada del edificio sede del Partido Acción Nacional en el municipio de Puebla. Al menos en la mañana del martes 4, día del despegue de candidatas y candidatos a un cargo de elección popular en la capital así permanecía, pues al mismo tiempo está convertido en la casa de campaña del contendiente.

En la práctica de la política, siempre la forma es fondo. El edificio que se ubica en la avenida 11 Sur, frente al Club de Golf Mayorazgo no es de la militancia, sino de dos de sus usufructuarios: Riestra Piña y Jesús Zaldívar, dirigente municipal y al mismo tiempo candidato a una diputación local por el distrito 10.

Ni un pegote de su principal oferta política personificada en Eduardo Rivera Pérez, el candidato a la presidencia municipal. Y no es nada extraño.

En un dirigente que se precia de hacer política profesional como Zaldívar, un desliz de esa dimensión no puede ser sino el resultado de una traición del subconsciente. En política, la casualidad no tiene cabida; el descuido, tampoco, porque suele tener facturas costosas.

Y al mismo tiempo refrenda la condición que existe en el imaginario respecto del candidato Eduardo Rivera Pérez, correligionario del dirigente y candidato Zaldívar: no caminan juntos por intereses de grupo, celos y una dosis de desconfianza.

Eduardo Rivera Pérez hace campaña, pero no de la mano de la dirigencia de su partido. En el municipio y en el estado ha sido evidente, desde que se alzó con la candidatura en un forcejeo que incluyó a las diversas cabezas que perviven en el interior de esa franquicia partidaria.

Es esa la razón que llevó al ahora abanderado de la alianza Va por Puebla a cerrarse para integrar a perfiles que no pertenecieran a su círculo de confianza. La amenaza de la traición asomaba desde entonces, con el evidente riesgo de dinamitar el esfuerzo político desplegado, y la probabilidad de competir en la elección en curso.

No es casualidad que el exregidor Carlos Ibáñez haya decidido regresar de las catacumbas junto a Pedro Gutiérrez para montar un espectáculo a las afueras de la Fiscalía General del Estado en febrero pasado, luego de presentar una denuncia por la presunta existencia de un proceso licitatorio para la adquisición de combustibles de manera irregular.

Ibáñez formó parte del engranaje de la maquinaria generadora de negocios al amparo del poder público, del que no es ajeno un maledicente del propio Eduardo Rivera Pérez: el diputado federal por el Partido Encuentro Solidario, Fernando Manzanilla Prieto.

En esa misma lógica se encuentra Genoveva Huerta Villegas, la dirigente estatal, permanentemente empeñada en soslayar apoyo político. Rivera Pérez hace campaña pese a los bloqueos internos, sin duda.

 

@FerMaldonadoMX 

Parabólica por Fernando Maldonado