El gobierno de Miguel Barbosa cerró una semana redonda y precisa. Tras la partida del presidente Andrés Manuel López Obrador junto con su gabinete legal y ampliado, quedó claro que el mejor colocado en la agenda es el de Zinacatepec.

Ahí estaba la imagen en la transmisión de del Cepropie: al centro, el presidente de México flanqueado por el gobernador Miguel Barbosa y su secretario de Gobernación y paisano, Adán Augusto López Hernández, de quien apenas la semana pasada fue revelado como uno más de los probables candidatos de Morena a la Presidencia de México.

En política lo que parece es. Ahí estuvo López Obrador, en la mesa de seguridad, la Mañanera y las ceremonias conmemorativas a la Batalla de Puebla. Interpretar otra cosa será productivo de la terquedad y la envidia política.

La línea de tiempo no admite réplica alguna. De principio a fin, unas siete horas en el territorio, de las que unas 2 horas y media dedicó a encabezar una ceremonia que había sido vista de soslayo desde 2014, última vez que un mandatario vino a encabezar el desfile que honra el papel del Ejército de Oriente al mando del general Ignacio Zaragoza, en 1862.

De pie en todo momento, como una forma intrínseca de corresponder a los 16 mil elementos que integraron los contingentes compuestos por elementos del Ejército Mexicano, Marina Armada de México, Guardia Nacional y Colegio Militar, además de los cientos de jóvenes de diversas escuelas y centros escolares, el Jefe Máximo de las Fuerzas Armadas y el gobernador lucieron de buen talante.

“Estamos listos”, le dijo el mandatario a López Obrador al momento de encabezar la ceremonia de colocación de ofrenda en el Mausoleo de Zaragoza, en una pieza oratoria en la que destacó el papel de los liberales sobre el conservadurismo de la época, que no es muy diferente del presente.

No lo dijo por su nombre, pero ahí estaba la batalla reciente en la Cámara de Diputados cuando por falta de pericia legislativa, no se pudo alcanzar la mayoría calificada para dar luz verde a la iniciativa de reforma eléctrica del Ejecutivo.

Conocedor profundo de la técnica parlamentaria y hábil para el uso de los símbolos y la dialéctica, volvió a la carga en contra de los intereses extranjeros y los conservadores del presente, como sucedió hace 160 años.

Puebla no la va a fallar, dijo al presidente, que con su sola visita a los actos conmemorativos devolvió al pueblo la dignidad de la que se había despojado por el pragmatismo obsceno del peñanietismo respecto del grupo del exgobernador Rafael Moreno Valle.

No hacía falta recordarlo. La efeméride estuvo marcada este 5 de Mayo por un antes y un después. El tiempo en el que un grupo de poder convirtió la fiesta del triunfo liberal sobre los conservadores en un espectáculo corriente y oneroso.

Hubo quien recordó que en esa época, del 2011 a 2017, se llegó a gastar hasta seis millones de pesos en la elaboración de cada uno de los carros alegóricos.

Hasta en eso hubo notables contrastes. Esta ceremonia tuvo a un presidente y a un gobernador consecuentes con la austeridad. La Secretaría de Educación entregó entre 30 y 40 mil pesos por carro alegórico y algunos de los cuales utilizaron ingenio, creatividad y materiales reciclados. La fiesta del 5 de Mayo, por fin, regresó al pueblo.

 

@FerMaldonadoMX