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Resiliencia, guerra sucia y dolor

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En un hecho no imaginado en Gobiernos anteriores, alzando el rostro y sin quedarse calladas, víctimas de las graves violaciones a los Derechos Humanos en México durante el periodo 1965-1990, retaron de frente al mando militar y al comandante Supremo de las Fuerzas Armadas.

Lo pudimos ver todos, en vivo y a todo color, así se desarrolló la ceremonia de apertura de los archivos y visitas a instalaciones militares, uno de los trabajos del Mecanismo de Esclarecimiento Histórico de los hechos.

Ahí llegó el presidente, la milicia (según los reporteros eran mayoría) y los familiares de las víctimas, hombres y mujeres que han sido negados al mínimo derecho de vida, a la verdad.

Ahí se puso de pie Micaela Cabañas, hija del dirigente magisterial, campesino, defensor de la Sierra de Guerrero y etiquetado como guerrillero, Lucio Cabañas.

“En noviembre de 1974 fueron aprendidos mis abuelos, mis primos, mis tíos y yo. Fuimos apresados y traídos al Campo Militar número 1. A penas cumplía 2 meses de edad. Mi madre fue torturada, violada y ultrajada. En algún lugar de este Campo Militar yo aprendí a caminar, aprendí a correr”, relató ante mandos y jefes de uniformes verdes.

Ahí estaba también, también Alicia de los Ríos, quien relató que “entre enero y mayo de 1978 mi madre fue vista aquí por varios presos. Luego Alicia fue trasladada a Pie de la Cuesta. A partir de entonces no se supo más de ella. El caso de mi madre es uno de los mil casos de personas desaparecidas, la mayoría detenidos en instalaciones militares. Después de años de demandarlo, hoy se abren las puertas del gran cuartel. Aquí fueron desaparecidas y desaparecidos. Tendremos que coadyuvar juntos en la reconstrucción de lo ocurrido. Asumimos con compromiso la invitación al diálogo con la Sedena”, respondió desde el estrado.

“Y que no se vuelvan a cerrar”, fue la advertencia de quienes han buscado acceder a la verdad en el nombre de quienes ya no están para defenderse de la opresión del estado.

Buscar justicia del pasado, no es pelearse con la historia, es una necesaria reconciliación con el país que fuimos de cara a lo que seremos.

Esta es solo una muestra de la herencia de dolor de las víctimas en este país, de 5 décadas de represión del Estado-Gobierno. Ahora, lejos de aquella represión solapada e instigada, vivimos una nueva tragedia nacional en donde los hijos de México están en fosas clandestinas y debajo de la tierra sin un adiós debido.

Lo ocurrido hoy en el en el Campo Militar número Uno, es otro botón del mar de daños colaterales que han dejado los años de persecuciones políticas y guerra de cárteles, de lucro con la muerte, de abusos y de inoperancia gubernamental.

Otra vez queda exhibido que ni López Obrador ni Luis Cresencio Sandoval ni nadie más estará por encima de ellos.

Hace algunos días leía que la esperanza debe ser puesta en la resiliencia de las víctimas, solo desde ahí se puede reconstruir a este país, y es cierto, nadie sabe más que los hijos más dolientes de la patria sobre la raíz del dolor.

 

@Olmosarcos_

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