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Marcha del 27: volver a los orígenes

La izquierda está decidida a dejar constancia de que el espacio público, la calle, tiene patente y no está dispuesta a dejar que otra fuerza política ocupe ese ámbito. 

La prescripción de ese espacio de protesta y consigna carece de caducidad, y menos de enajenación para terceros. Ceder implica claudicar para una clase política pertinaz e indomable.

Muchas cosas han sucedido para acceder al poder público después de décadas de lucha para cambiar el estado de las cosas.

De ello ha dejado constancia con mayor vigor Miguel Barbosa, quien como parte de la cúpula de Nueva Izquierda, en el PRD, marchó con Cuauhtémoc Cárdenas en la Ciudad de México ante la amenaza que supuso para la industria petrolera el régimen de Enrique Peña Nieto, en 2015.

Es el mismo Barbosa quien este miércoles volvió a tundir a quienes en condición de “impresentables” acompañaron la marcha en contra de la llamada Cuarta Transformación el domingo, de los que excluyó a ciudadanos con derecho legítimo de protesta.

El olfato político del oriundo de Zinacatapec volvió a dar muestras de gozar de cabal salud con el anuncio del lunes pasado, cuando calificó de hipócritas a quienes en Puebla y la Ciudad de México acapararon reflectores.

El martes los definió como un grupo de zombies, muertos vivientes, entre quienes están Roberto Madrazo, excandidato presidencial priísta; Elba Esther Gordillo, la cacique magisterial que validó la elección sospechosa en la que Felipe Calderón fue declarado por un tribunal, y no los votos, presidente entre 2006 y 2012; y hasta Vicente Fox, el locuaz exempleado de Coca Cola.

Imposible estar en desacuerdo con la definición general para un grupo de políticos del pasado con historias de horror para presentarse como los demócratas del presente.

Los reflejos políticos de este curtido político poblano, consolidado en la izquierda, se puso a la cabeza del conjunto de mandatarios de Morena cuando subrayó una condición histórica: la protesta callejera es consustancial a los movimientos de izquierda.

Esa realidad en el México de siempre ha sido contada por la prensa insumisa frente a los déspotas que han propalado la patraña de la amenaza a la democracia.

La marcha de los ferrocarrileros, los médicos, mineros; los estudiantes del 68 y 71; el éxodo por la democracia en 1992; la irrupción del zapatismo en 1995 y el desafuero en 2004.

Transcurridas 72 horas del anuncio de Barbosa en Puebla, el presidente Andrés Manuel López Obrador secundó al poblano. 

El anuncio fue hecho desde la Mañanera presidencial, el mayor espacio de exposición mediática que tanto incomoda a sus detractores.

El anuncio para el próximo domingo 27 de noviembre ya generó una enorme discusión pública. En una sociedad politizada hay posturas encontradas y debe entenderse como un síntoma de la salud democrática en México.

López Obrador ha sido un manifestante callejero que aún sin el poder que provee la Presidencia de México ha concitado a miles de simpatizantes. El tabasqueño y el poblano regresarán a sus orígenes: el espacio público en el que han dado muestras robustas de moverse con soltura.

La reacción será, a partir de ahora, exactamente proporcional al movimiento del que han abrevado miles de seguidores, incluso aquellos que formaron parte del abusivo poder antes de 2018.

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