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Adiós, doña Charo

Su salida será celebrada por las élites, pero lamentada por el segmento social más vulnerable: familias, niñas y niños sumidos en el abandono; y su estado marginal, en el olvido.

Así pudo definirse el paso de Rosario Orozco Caballero, la viuda del gobernador Barbosa, que este jueves será objeto de un bien ganado reconocimiento a su paso por la Presidencia Honoraria del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia, la noble institución a la que el simplismo burocrático define como Sistema DIF.

Desde su llegada frenó la voracidad de funcionarios que hicieron negocio con proveedores, y puso en primer plano la función primigenia: atender a quien en realidad debía ser objeto de ello.

En cierta ocasión, amanecía el nuevo gobierno en 2019 cuando este equipo de trabajo decidió publicar una nota de color bajo la cabeza: Rompe Barbosa tradición y hace vacío a La Franja.

Era la primera vez que un gobernador dejaba vacío el palco del que dispone el Gobierno en el estadio Cuauhtémoc y que había formado parte de ese rito entre las élites de poder público y privado, celebrando con viandas y tragos lo que sucedía en el campo, y que según su lógica los acercaba a las clases populares.

Vino entonces un comunicado oficial del DIF para dejar en claro que ese espacio pagado con el dinero público sería utilizado por niñas y niños en condición de orfandad bajo resguardo de la institución.

A doña Charo, como la llamaba su marido, el primer gobernador de izquierda a quien se le distinguió como un duro esgrimista discursivo cuando tenía enfrente a las expresiones más rancias de la derecha conservadora y mustia, procuró asistencia, apoyo y acompañamiento a la niñez abusada por la perversión de la adultez.

La evidencia sugiere que la compañera de vida del gobernador Barbosa no es una persona dada al lucimiento ni la pancarta o la estridencia, pero desde su condición maniobró para atender casos específicos que habrían conmovido por la nobleza desinteresada.

La anécdota es conocida por un reducido círculo al matrimonio Barbosa-Orozco, pero vale la pena recuperarla porque permite asomar apenas a un flanco de esa familia aún desconocido.

El caso de una niña que, en fase terminal, dijo al personal del DIF su último deseo antes del paso final, presa de una enfermedad temprana y mortal: conocer el mar.

Sin instrumentos propagandísticos, ni recursos del erario, se dispuso de un vehículo de uso personal y gastos que fueron tomados de bolsillo propio para llevar a esa pequeña y quebrantada, presa del padecimiento indeseable, para cumplir un último sueño en vida, alimentado por las imágenes proyectadas en televisión con el oleaje marino que por la precariedad familiar, habría sido imposible alcanzar.

Así se nutre una larga lista de gestos que pueden ser recuperados con el paso del tiempo, tras el relevo que este jueves se producirá en una ceremonia dispuesta en el Centro Expositor, en la que la estafeta será tomada por Gabriela Bonilla Parada, esposa del gobernador Sergio Salomón Céspedes.

Las historias de poder con legítima vocación por los más necesitados también se alimentan de la intimidad familiar de gente noble y sensible, como la nueva clase política a la que aludió el difunto Barbosa en la multitudinaria manifestación del 4 de diciembre en el zócalo de Puebla, en defensa de la transformación de la vida pública.

 

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