Alejandro Cortés
Alejandro Cortés

La Plaza de San Luis es un lugar emblemático en el Centro Histórico de la Ciudad de Puebla, México, que destaca por su importancia histórica, cultural y urbana y por ser objeto y escenario de diversos acontecimientos.

“es un espacio que habla de lo que ya no tenemos”, sentenció el coordinador de la Licenciatura en Literatura y Filosofía de la Ibero Puebla, José Luis Camacho Gazca.

Ubicada en el corazón de la ciudad, esta plaza ha sido testigo de innumerables hechos a lo largo de los siglos, convirtiéndose en un espacio fundamental para la vida social, política y cultural de la región; incluso, el académico la categorizó como una extensión del Corredor de la Calle 5 de Mayo. 

Al respecto, el académico reconoció a la Plazuela como uno de los espacios más emblemáticos y representativos del Centro Histórico de Puebla. Su historia se remonta a la época colonial, cuando fue concebida como un espacio público de reunión y convivencia para los habitantes de la ciudad.

EL CONVENTO DE SAN LUIS REY

El académico destacó que el Convento de San Luis fue el antecedente de la plaza, luego de su demolición y fraccionamiento.

Camacho Gazca narró que, al construirse la Plaza de San Luis “se borró una parte de un edificio que fue importantísimo durante la época colonial, que era el Colegio de San Luis Rey, que le perteneció a la Orden Dominica y fue fundado por don Luis de León Romano y con apoyo de Luis de Velasco, el 3 de noviembre de 1585;

(…) fue una obra muy temprana, Puebla es muy famosa por sus colegios jesuitas, pero antes estaba el Colegio de San Luis Rey y es el que destaca durante el Virreinato”.

Incluso, detalló que, en el Colegio, a cargo de la Origen de los Dominicos, para formar parte de la orden, los aspirantes “debían ser menores de 30 años y no se permitían mezclas raciales”.

Al respecto, José Luis Camacho dio lectura a uno de los documentos históricos del Colegio que da cuenta de este tipo de exclusiones: “De imagen limpia, sin raza de judío, ni indio, ni moro, ni negro“.

“Era un colegio de élite hasta que llegó la Reforma en el siglo XIX, en la que se expropiaron bienes de la Iglesia y luego fraccionaron el espacio, toda la manzana es demolida, vendida a particulares y eventualmente ahí tuvo su sede el Colegio Benavente, hasta que se mudó a la 25 Poniente“. 

Además, destacó que la Plaza de San Luis fue incluida en el “Plano de Puebla de 1650”, e incluso el académico reveló que el espacio “aparece en el número 5, sólo después de Santo Domingo que aparece en el número 4, eso habla de la importancia del Colegio y la posterior plaza, cuando los conventos de la Compañía de Jesús apenas estaban desarrollándose”.

EL BUSTO PERDIDO Y OTRAS LEYENDAS

Luego de la demolición, explicó el experto que quedó el espacio y una parte se convirtió en la plaza actual, conocida de un inicio como Jardín de San Luis para luego ser conocida como Plazuela.

“Por muchos años tuvo un busto a un poblano ilustre, que muy pocos se han de acordar de él, que fue Rafael de Serrano, fue un doctor muy famoso previo a la Revolución Mexicana y un precursor de la psicología y el positivismo;

(…) estudió con Gabino Barreda e introdujo en Puebla muchos métodos innovadores, se hizo fama de hombre de letras y fue director casi vitalicio de la Escuela de Medicina de Puebla”, señaló. 

Luego de la Revolución, le dedican una serie de homenajes a Rafael de Serrano, y entre ellos, un busto develado en 1929 en la Plazuela de San Luis, obra del escultor Emilio Guevara.

“Estuvo ahí con una placa, hasta que desapareció, fue un acto vandálico y pareciera que quisieron quitar al doctor Serrano de la memoria colectiva de la ciudad, es como de esos espacios invisibles que hablan de la presencia de edificios y monumentos que ya no tenemos”.

Además de su importancia histórica, cultural y urbana, también está envuelta en leyendas urbanas que le confieren un aura misteriosa y fascinante. Una de ellas, habla de que en las noches de luna llena, se puede escuchar el eco de antiguas ceremonias indígenas que se celebraban en el lugar antes de la llegada de los españoles.

Por: Arturo Cravioto

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