Desde pequeña, Angie sentía que su identidad no coincidía con el cuerpo con el que nació, no se sentía cómoda siendo vista como un niño y, aunque no tenía las palabras para explicarlo, en su interior siempre quiso ser mujer.
En entrevista con 24 HORAS, relató que crecer con este sentimiento no fue sencillo, pues durante muchos años fue víctima de bullying por su manera de expresarse, ya que en la escuela, siempre recibía comentarios que la herían.
“Siempre me hacían sentir incomprendida, eso sólo aumentaba la sensación de que había algo mal en mí”, afirmó durante la conversación.
En casa, la situación no era muy distinta. Cuando finalmente se atrevió a hablar con su madre sobre su identidad, la respuesta no fue positiva.
“Sentí de su parte mucha incredulidad y negación, intentó invalidar lo que sentía asegurando que todo se trataba de una confusión pasajera”, señaló.
Angie recalcó que durante muchos años, la falta de apoyo por parte de su madre interrumpió su proceso de transición y aceptación. Sin embargo, se rodeó de personas increíbles que la ayudaron a encontrar su propia voz.
Con el tiempo, su madre comenzó a entender que su hija no estaba confundida ni equivocada, sino que simplemente estaba buscando vivir su verdad.
“Yo sé que el amor de mi mamá superó el miedo y ahora es mi mayor aliada, juntas exploramos sobre moda y ropa femenina, compartiendo momentos que antes parecían imposibles”, afirmó en entrevista.
Hoy, Angie está en proceso de cambiar su documentación para confirmar, de manera legal, su identidad sexogenérica. Cada paso que da es un acto de reafirmación, un recordatorio de que su historia no es de dolor, sino de resistencia y amor propio.
“Aunque el camino no ha sido fácil, por fin siento que puedo mirarme al espejo y reconocerme tal como siempre me había visto: una mujer plena y auténtica”, concluyó la joven mujer transexual.