El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva que clasifica al fentanilo ilícito y sus precursores como un arma de destrucción masiva.

El anuncio se realizó en el Despacho Oval, durante una ceremonia de reconocimiento a militares en tareas de vigilancia fronteriza. La medida refuerza el enfoque de la Casa Blanca frente a la crisis de sobredosis.

Trump justificó la acción con un discurso de emergencia nacional, señalando que el opioide provoca un nivel de mortalidad comparable, incluso superior, al de conflictos armados.

Aunque las muertes por sobredosis descendieron al nivel más bajo en cinco años, los narcóticos sintéticos, principalmente el fentanilo, concentran la mayoría de los decesos recientes.

La orden clasifica la fabricación y el tráfico de fentanilo como amenaza directa a la seguridad nacional, y ordena intensificar investigaciones, sanciones financieras y procesos penales contra involucrados.

El decreto es parte de una estrategia más amplia que inició con la declaración de los cárteles como organizaciones terroristas extranjeras, reforzando la lucha contra el crimen organizado.

Expertos legales señalan que el presidente no puede cambiar la definición de arma de destrucción masiva, lo que otorga un valor más simbólico y político que operativo a la medida.

Paralelamente, Trump anunció que se evalúa reclasificar la marihuana como sustancia menos peligrosa, pasando potencialmente de la Lista I a la Lista III, permitiendo su uso médico y ajustes fiscales.

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