La Semana de la Moda en París volvió a convertirse en el epicentro global del estilo con propuestas que dialogan desde polos opuestos. La firma japonesa Issey Miyake presentó su nueva colección IM Men, titulada formless form, una apuesta por la fluidez, la comodidad y la libertad estructural. Abrigos largos y holgados, pantalones cruzados de gran amplitud y túnicas envolventes dominaron una pasarela que transitó del negro, blanco y beige hacia una explosión cromática con rosas, naranjas, violetas, azules y amarillos.

Las corbatas extralargas y bufandas superpuestas, transformadas en ponchos, reforzaron una estética contemporánea que desafía las normas clásicas del vestir masculino. La colección reafirma la visión experimental del sello nipón, enfocada en el movimiento del cuerpo y la expresión individual.

En contraste, el estadounidense Rick Owens llevó a París su colección Tower, fiel a su inconfundible estilo gótico. El desfile, realizado en el Palacio de Tokio, presentó siluetas fluidas, abrigos de cuero con grandes cuellos, pantalones deshilachados y botas gigantes con bolsillos laterales, además de máscaras de macramé que intensificaron su narrativa underground. La paleta oscura se complementó con piezas de kevlar, material ultrarresistente asociado a la protección extrema.

La jornada también marcó el debut oficial en París de la diseñadora española Sonia Carrasco, quien apostó por una colección mixta con costuras visibles y acabados aparentemente inacabados, una declaración estética que reivindica el proceso artesanal. Carrasco, nacida en 1988, ha ganado notoriedad tras vestir a Rosalía, consolidando su proyección internacional.

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