A partir de este 1 de enero de 2026, el gobierno de México puso en marcha nuevos aranceles a productos importados desde China, así como a mercancías provenientes de países sin tratado comercial vigente. La medida, aprobada por el Congreso en diciembre de 2025, marca un giro relevante en la política comercial mexicana en un contexto global de tensión económica y proteccionismo.

La decisión llega tras un año dominado por amenazas arancelarias de Estados Unidos y la guerra comercial impulsada por Donald Trump desde el inicio de su mandato. Analistas coinciden en que la estrategia mexicana representa un alineamiento comercial con Washington, su principal socio, justo antes de la revisión del T-MEC, que también involucra a Canadá.

Los gravámenes impactan sectores clave como calzado, automotriz, textil y juguetes, industrias con alta dependencia de importaciones chinas. En 2024, México importó 2 mil 163 millones de dólares en calzado, de los cuales 41.5% provinieron de China; los nuevos aranceles oscilan entre 25% y 35%.

En el caso de los juguetes, las importaciones alcanzaron 3 mil 281 millones de dólares, con 61.5% de origen chino, según datos del INEGI. Desde 2026, este sector enfrenta un impuesto del 30%.

La Secretaría de Economía defendió la medida al señalar que busca salvaguardar 350 mil empleos y fortalecer la reindustrialización nacional. Desde Pekín, el Ministerio de Comercio calificó la decisión como unilateral y proteccionista, y pidió a México corregir el rumbo.

El impacto real de estos aranceles a China se reflejará en los próximos meses, tanto en precios al consumidor como en la relación comercial bilateral, en un escenario donde México redefine su papel en el comercio global.

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