Las declaraciones del secretario general de la OTAN, Mark Rutte, detonaron una fuerte polémica política en Bruselas y reavivaron un debate incómodo para la Unión Europea: la dependencia militar de Estados Unidos.

Durante su comparecencia ante el Comité de Seguridad y Defensa del Parlamento Europeo, Rutte fue contundente al afirmar que pensar en una defensa europea autónoma sin Washington es, hoy por hoy, una ilusión. Subrayó que sin el respaldo estadounidense, especialmente su paraguas nuclear, las capacidades defensivas del continente “simplemente colapsarían”.

El líder de la Alianza Atlántica sostuvo que sustituir la protección de Estados Unidos implicaría elevar el gasto militar europeo hasta el 10% del PIB, además de crear una disuasión nuclear propia, un escenario políticamente inviable en el corto y mediano plazo. De no hacerlo, advirtió, Europa perdería su principal garantía de libertad y seguridad.

El contexto agravó la controversia. Las palabras de Rutte llegaron tras recientes tensiones transatlánticas, provocadas por amenazas del presidente estadounidense Donald Trump sobre Groenlandia y posibles aranceles a aliados europeos. Aunque la crisis se contuvo tras acuerdos preliminares sobre la seguridad del Ártico, el episodio dejó al descubierto la fragilidad del vínculo.

Rutte también urgió a que la OTAN refuerce su presencia en el Ártico frente a Rusia y China, y presionó para que Ucrania pueda adquirir armamento estadounidense con un préstamo europeo de 90 mil millones de euros, al reconocer que la industria militar europea aún no cubre la demanda.

Las reacciones no se hicieron esperar. Francia defendió que Europa sí puede asumir su propia seguridad, mientras eurodiputados calificaron el mensaje como un retroceso político. El dilema queda abierto: alianza transatlántica o autonomía estratégica real.

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