La disidencia magisterial, los charros sindicales del SNTE y los beligerantes de las secciones de la CNTE son ahora “compas” del partido oficialista Morena.

En el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) resurgen de las cenizas del caciquismo sindical del potosino Carlos Jonguitud Barrios y de la chiapaneca Elba Esther Gordillo Morales, ahora encarnados en el neocharro sindical de “izquierda” Alfonso Cepeda.

Heredero de la tradición priísta, del nacionalismo cardenista y de la utilización neoliberal del salinismo, Cepeda entregó a la dirigencia nacional de Morena un padrón de un millón 250 mil maestros, afiliados como nuevos miembros del partido oficial de la 4T.

Alfonso Cepeda se congració con Luisa María Alcalde y con Andy López Beltrán, presidenta y secretario de Organización de Morena, mediante la afiliación masiva, con la mira puesta en ser candidato a gobernador de Coahuila.

Los tres personajes del oficialismoAlcalde, López y Cepeda— se pasaron por el arco del triunfo las prohibiciones estatutarias partidistas y sindicales que impiden las afiliaciones corporativistas, como ocurría en el viejo régimen del PRI.

Nada extraño en la práctica del corporativismo, porque en esencia Morena y el PRI son la misma estructura, sólo que con distintos colores, pero con idénticas prácticas políticas.

Cepeda representa el mismo caciquismo sindical magisterial de Vanguardia Revolucionaria del PRI de Jonguitud Barrios, y el neoliberalismo sindical de Elba Esther Gordillo.

El régimen de la Cuarta Transformación, con el Partido-Estado Morena y el control de los tres PoderesEjecutivo, Legislativo y Judicial— se prepara para un reinado político que podría superar los 80 años del PRI.

Los dirigentes del Partido del Trabajo (PT) lo presumieron desde la tribuna legislativa, al fijar postura frente a la reforma electoral presidencial. Regino Sandoval, líder de la bancada petista, afirmó que la 4T ya controla los tres Poderes, cuestionando si existe realmente la necesidad de una reforma.

Esta postura refleja la intención de apoderarse del Estado, afianzar el absolutismo político y avanzar hacia un modelo totalitario, apoyado en sectores sociales dominados, como el magisterio.

El llamado sector pensante, cientos de miles de maestros del SNTE, CNTE o independientes, repite la historia del sometimiento corporativista, partidista y sindical, ya sea con el PRI, Morena o con la pasividad frente al PAN.

Las luchas magisteriales democráticas derivaron en una cultura de subordinación corporativa, tanto sindical como partidista.

Aunque la militancia política es un derecho constitucional, la afiliación masiva y corporativizada del SNTE representa una vergüenza histórica para los trabajadores de la educación.

Con Mario Delgado Carrillo al frente de la SEP federal, exdirigente nacional de Morena, la política educativa queda en manos de un operador electoral, negociador con mafias políticas y sindicales, incluida la del SNTE.

Como retroceso histórico, el corporativismo sindical vuelve a encauzar el control del Estado, restituye los sectores obrero y sindical al partido oficial, y revive la tradición corporativista del PRI desde Lázaro Cárdenas.

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