Venezuela posee la mayor reserva de petróleo del mundo, con más de 303 mil millones de barriles probados, superando incluso a Arabia Saudita. Esta riqueza energética sigue siendo un factor clave en las tensiones internacionales.
Además del crudo, el país alberga reservas minerales estratégicas en el Arco Minero del Orinoco, una zona de 111 000 km² en Bolívar y Amazonas destinada a la explotación de recursos clave.
En esta región se concentran minerales como oro, diamantes, coltán, níquel y tierras raras, elementos críticos para tecnologías modernas como semiconductores, baterías y sistemas de defensa.
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Los elementos de tierras raras incluyen cerio, lantano, neodimio y otros usados en electrónica avanzada, vehículos eléctricos y energías renovables.
Aunque los informes oficiales estiman reservas considerables, gran parte de estos minerales no están cuantificados ni explotados a gran escala.
La falta de infraestructura, sanciones y minería ilegal han limitado la producción formal, mientras redes criminales controlan muchas operaciones.
Este potencial estratégico ha atraído la atención de potencias como Estados Unidos y China, que buscan asegurar suministro de recursos críticos para su industria tecnológica y de defensa.
Informes recientes señalan que EE. UU. considera el acceso a estos minerales como un componente de su estrategia para reducir dependencia de China.
La disputa geopolítica va más allá del petróleo e incluye la competencia por tecnologías futuras como inteligencia artificial, semiconductores y energía limpia.
Expertos advierten que la explotación sostenible aún enfrenta desafíos ambientales, sociales y de seguridad.
Entender este trasfondo es clave para analizar la intención real de la presión internacional sobre Venezuela y sus recursos estratégicos.

