El esperado show de medio tiempo del Super Bowl protagonizado por Bad Bunny generó debate más allá del resultado deportivo.

La presentación en el Levi’s Stadium desató análisis sobre su impacto cultural y su significado dentro del espectáculo más visto en Estados Unidos.

Uno de los rumores iniciales fue desmentido: el niño que apareció en escena no era Liam Conejo Ramos.

El menor representaba a Benito Martínez en su infancia, vestido como en una fotografía de sus primeros años.

Durante 13 minutos de espectáculo, se viralizó el dato de que Bad Bunny acumuló simbólicamente más yardas que los Patriotas.

La comparación destacó que el artista “corrió” 124 yardas frente a las 79 logradas por Nueva Inglaterra.

La representación latina en el Super Bowl se convirtió en el centro del debate digital y mediático.

Algunos celebraron que el cantante llevara la esencia de Puerto Rico y la cultura hispanohablante al escenario global.

Otros críticos consideraron que el acto careció de una postura social contundente y lo calificaron como espectáculo comercial.

El debate también revivió la imagen de Colin Kaepernick, quien protestó contra la violencia racial arrodillándose durante el himno.

Desde 2019, la NFL ha apostado por artistas afroamericanos y latinos como Shakira, JLo, Kendrick Lamar y Jay-Z.

Analistas señalan que la inclusión responde a una estrategia para ampliar audiencias y reforzar diversidad cultural.

Algunos sectores describen la actuación como una “protesta controlada”, argumentando que la rebeldía también genera rentabilidad.

El impacto del espectáculo confirma que Bad Bunny trasciende la música y ocupa un espacio central en la conversación cultural.

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