Miles de estudiantes de secundaria en Estados Unidos dejaron las aulas para protestar. El movimiento se manifiesta contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).
La movilización nacional se ha extendido por más de 36 estados. Esta acción coloca a la juventud en el centro del actual debate migratorio estadounidense.
En estados como California, Nueva York y Utah, adolescentes organizaron paros escolares. Los jóvenes denuncian las redadas y deportaciones que afectan directamente a sus familias.
El lema “ICE Out” resuena con fuerza en ciudades como Chicago. Las protestas incluyen marchas masivas y bloqueos momentáneos en diversas plazas públicas del país.
Texas concentra la mayor tensión política actualmente. El gobernador Greg Abbott advirtió que los distritos podrían perder financiamiento si facilitan estas huelgas estudiantiles.
Abbott sostuvo que la libertad de expresión no justifica salir de clases. La Agencia de Educación estatal alertó sobre posibles intervenciones en los planteles educativos.
Pese a las amenazas, se registraron paros en el área de Dallas. Cientos de participantes desafiaron las advertencias de suspensiones o restricciones en actividades extracurriculares.
La ACLU señaló que estas amenazas estatales podrían ser inconstitucionales. Organizaciones civiles defienden el derecho de los alumnos al discurso pacífico y la protesta.
Los estudiantes invocan el precedente legal Tinker vs. Des Moines. Este caso de 1969 reconoció históricamente los derechos de expresión dentro de las escuelas públicas.
El activismo también ha llegado a las redes sociales y videojuegos. Los jóvenes difunden materiales sobre derechos legales para proteger a sus comunidades migrantes vulnerables.
Esta oleada juvenil redefine el alcance del activismo estudiantil. En un año electoral, la migración se mantiene como el eje central de la discusión.
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