La reforma a la jornada laboral en México vuelve a colocarse en el centro del debate nacional. El titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, Marath Bolaños López, abrió la puerta a un cambio estructural: establecer por ley dos días de descanso obligatorios para los trabajadores mexicanos.

El planteamiento parte de la propuesta de reducir la jornada laboral a 40 horas semanales, con un máximo de ocho horas diarias. Bajo este esquema, se rompería definitivamente con la lógica vigente de seis días de trabajo por uno de descanso, heredada de un modelo laboral con más de un siglo de antigüedad.

Bolaños explicó que la transición será gradual. A partir de 2027, la jornada se reduciría dos horas por año, hasta alcanzar el objetivo de 40 horas en 2030. Este ajuste permitiría que, de manera constitucional, se garantice el derecho a dos días de descanso por cada cinco laborados, un cambio que beneficiaría directamente la salud, el equilibrio personal y la productividad de millones de trabajadores.

El secretario calificó esta modificación como una “deuda histórica”, al reconocer que el actual esquema de 48 horas semanales ya no responde a las dinámicas económicas ni sociales del país. De aprobarse, México se alinearía con estándares laborales internacionales que priorizan el bienestar sin sacrificar competitividad.

La discusión apenas comienza, pero el mensaje es claro: la reforma laboral no solo busca reducir horas, sino redefinir el modelo de trabajo en México, con reglas más justas y acordes al siglo XXI.

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