Un nuevo ataque del Comando Sur de Estados Unidos en el mar Caribe dejó tres personas muertas y elevó a 150 las bajas desde septiembre, cuando Washington activó su ofensiva marítima contra presuntas narcolanchas vinculadas al narcotráfico internacional.
De acuerdo con la versión oficial del Comando Sur de Estados Unidos, la embarcación navegaba por rutas habituales del contrabando y participaba en operaciones ilícitas. Un video difundido por el Pentágono muestra la explosión que destruye el bote tras lo que denominaron un “ataque cinético letal”.
La administración de Donald Trump sostiene que enfrenta a “narcoterroristas” en la región, bajo el mismo marco legal utilizado tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. Sin embargo, no ha presentado pruebas públicas concluyentes que acrediten que las embarcaciones transportaban droga al momento de los ataques.
La ofensiva no solo ha implicado bombardeos selectivos; también incluye incautaciones de buques, presión diplomática y un despliegue naval sin precedentes en el Caribe. En paralelo, el secretario de Estado, Marco Rubio, participará en la cumbre de la Comunidad del Caribe (CARICOM) para buscar respaldo regional frente a Venezuela y mantener el cerco sobre Cuba.
Especialistas en derecho internacional y organizaciones humanitarias advierten que estos operativos podrían constituir ejecuciones extrajudiciales, al tratarse —afirman— de civiles sin amenaza inmediata comprobada.
La estrategia estadounidense reconfigura el equilibrio geopolítico del Caribe y abre un debate urgente sobre seguridad regional, soberanía y legalidad internacional.

