Narcomenudeo sin privilegios
El ataque en el bar Sala de Despecho, en una de las zonas más exclusivas de la capital, parece romper con la narrativa de que el crimen organizado es un fenómeno confinado a los márgenes sociales. El mensaje del gobernador, Alejandro Armenta Mier, respecto a este caso, no sólo responde a un hecho violento que conmocionó a Puebla, también busca redefinir el enfoque con el que se ha abordado históricamente el narcomenudeo.
Al advertir que el combate será “en todos los niveles sociales”, el mandatario coloca el foco en una realidad incómoda: el tráfico de drogas al menudeo no distingue clases ni códigos postales. Reconocer que existen redes con poder económico implica aceptar que el problema no sólo es policial, sino estructural, y que podría tocar intereses que tradicionalmente han permanecido fuera del escrutinio público. Sin embargo, la contundencia del discurso deberá traducirse en resultados. La promesa de no tolerar privilegios ni influencias será puesta a prueba en las investigaciones para dar con autores intelectuales del atentado del 14 de febrero y, sobre todo, en la capacidad del Gobierno para desarticular posibles vínculos entre delincuencia y sectores de mayor peso económico o político.
El llamado a las familias también revela otra arista: la prevención social. Si bien el reforzamiento de operativos e inteligencia financiera es indispensable, el fenómeno del consumo y comercialización de drogas tiene raíces que van más allá de la persecución penal. La captación de jóvenes por redes delictivas habla de vacíos en oportunidades, educación y tejido comunitario. El caso de Angelópolis puede convertirse en un punto de inflexión si la estrategia integral prometida logra resultados visibles.
Árboles en riesgo por Cablebús
La construcción de la primera línea del Cablebús en Puebla pone sobre la mesa un desafío: el equilibrio entre desarrollo urbano y sostenibilidad ambiental. El anuncio del secretario de Infraestructura, José Manuel Contreras de los Santos, de que serán retirados 980 árboles en el Parque Juárez no es un dato menor. En una ciudad que apenas cuenta con 2.4 y 4.4 metros cuadrados de área verde por habitante, cada árbol representa mucho más que un elemento paisajístico: es sombra, regulación térmica y captura de contaminantes.
La Organización Mundial de la Salud recomienda entre 9 y 16 metros cuadrados de áreas verdes por persona; Puebla está por debajo de la mitad de ese mínimo. La promesa oficial de reponer 10 mil ejemplares busca compensar el impacto. Sin embargo, la discusión no puede reducirse a una simple equivalencia numérica. No es lo mismo un espécimen adulto que uno de tallo joven. El tiempo que tarda en madurar un árbol es tiempo que la ciudad pierde en biodiversidad. El reto no es sólo plantar más árboles, sino garantizar que sobrevivan y formen parte de una política integral de reforestación urbana. ¿Será?
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