La violencia cercana

Lo que durante años pareció un problema concentrado en ciudades del norte del país o del Bajío, este domingo también alcanzó a Puebla, una entidad que hasta ahora se percibía distante de esas dinámicas de violencia vinculadas al crimen organizado. El abatimiento de El Mencho en Jalisco detonó la reacción de integrantes de esa célula criminal, quienes bloquearon carreteras, incendiaron comercios y sembraron pánico entre la población. Los hechos no se limitaron a Jalisco, bastión operativo del cártel que encabezaba Nemesio Oseguera Cervantes, sino que se extendieron a otras entidades donde la organización ha expandido su presencia a lo largo de la República Mexicana. Para algunos, Puebla vivió su propio “culiacanazo”, en alusión a lo ocurrido en Culiacán, capital de Sinaloa, que durante casi dos años ha enfrentado una situación extraordinaria de violencia. Esa crisis ha mantenido a buena parte de su población bajo resguardo y ha provocado un deterioro económico que golpea, de manera progresiva, a la mayoría de las familias sinaloenses. Un escenario similar podría repetirse en cualquier otra gran ciudad del país. Lo ocurrido deja una lección contundente: la violencia no reconoce fronteras ni respeta regiones. Los brazos del narcotráfico han demostrado que pueden extenderse y sembrar temor de manera simultánea en distintos puntos del territorio nacional, sin distinción de entidades federativas o poblaciones. ¿Será?

Exigencia de paz

Nadie puede negar la indignación que hoy se respira en la capital poblana tras el asesinato de Karina Ruiz y Alejandro Tello. El matrimonio salió el jueves pasado de Puebla rumbo a la ciudad de Tlaxcala para desayunar. Su rastro se perdió, fueron reportados como desaparecidos y, el viernes, localizados sin vida en Chignahuapan. Este crimen volvió a encender los focos rojos en la ciudad, que no ha podido sustraerse a la espiral de violencia que, lamentablemente, se ha extendido por el país. A la consternación se sumó la velada que familiares y amigos de Gisela, Emanuel y Joaquín realizaron la noche del viernes en la Isla de Angelópolis. Con velas y consignas recordaron a los tres jóvenes que perdieron la vida, presuntamente a manos de sicarios del grupo conocido como La Barredora. Puebla, como tantas otras ciudades del país, llora a sus víctimas, lamenta pérdidas irreparables y exige paz. Una paz que garantice a los jóvenes la posibilidad de un futuro que hoy parece desdibujarse ante una violencia que no da tregua. ¿Será?

Llamado a la calma

Ante los hechos de tensión registrados en diversas entidades, organismos empresariales como Canacintra, Canaco y Coparmex hicieron un llamado a la prudencia, la unidad y la responsabilidad para evitar mayores afectaciones económicas. Las cámaras advirtieron que la difusión de información no verificada puede profundizar la incertidumbre y afectar la operación de comercios e industrias. Por ello, exhortaron a mantenerse atentos únicamente a comunicados oficiales y a reforzar protocolos de seguridad en empresas y establecimientos. El sector privado también pidió a las autoridades fortalecer la presencia institucional para proteger vialidades, comercios y la movilidad económica, al tiempo que reconoció la labor de las Fuerzas Armadas y del Gabinete de Seguridad. El mensaje central es claro: preservar la seguridad y la confianza es fundamental para garantizar la continuidad productiva y la protección del empleo en un contexto de incertidumbre. ¿Será?

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