En México, seis de cada 10 personas asistieron a algún evento cultural durante el último año; sin embargo, el teatro se mantiene entre las disciplinas con menor afluencia, de acuerdo con el INEGI.

A este panorama se suma un factor estructural señalado por productores independientes, como el director Josué Cabrera, quien afirmó a 24 HORAS que la falta de apoyos y espacios para el desarrollo del teatro independiente ha obligado a los creadores a sostener sus proyectos mediante la autogestión.

En Puebla, un grupo de actores ha logrado mantenerse activo durante más de una década fuera de los circuitos comerciales. Integrantes de la compañía de teatro Jalil Gibrán, han continuado su labor sin financiamiento y enfrentando las limitaciones propias del sector, pero con un elemento que, aseguran, ha sido clave: la amistad.

Antes de cada función, entre nervios y bromas, repiten una dinámica que ha marcado su historia. No solo ensayan una obra: se sostienen entre ellos.

“Hacer teatro con amigos es aprender a mirarse el alma sin filtros, es confiar”, comparte la actriz Fernanda López.

Para el actor Edson Luna, el vínculo trasciende el escenario: “Más allá de cualquier personaje, lo que realmente creamos es un lazo que permanece incluso cuando el telón se cierra”.

Los integrantes coincidieron en distintos proyectos escénicos y, sin una estructura formal ni financiamiento fijo, comenzaron a montar obras para festivales locales y espacios independientes.

Como ocurre en gran parte del teatro fuera de los circuitos comerciales, el proceso ha estado marcado por la incertidumbre: funciones con baja asistencia, temporadas cortas y recursos limitados.

VIVIR DEL TEATRO… Y DE TODO LO DEMÁS

Para sostener el proyecto —y su vida cotidiana— han diversificado sus actividades: algunos trabajan en comunicación, redes sociales y marketing; otros participan en grupos musicales, ejercen como optometristas, imparten clases de teatro o incluso laboran en call centers. El teatro, coinciden, “no siempre paga, pero sí permanece”.

La continuidad del proyecto también ha implicado enfrentar tensiones internas. Diferencias creativas, desgaste emocional y cambios personales han puesto a prueba la permanencia del grupo. Sin embargo, lejos de fracturarlo, estos momentos han fortalecido sus vínculos.

En un entorno donde las condiciones no siempre son favorables, la amistad ha funcionado como una estructura invisible que sostiene el proyecto. Viajes al extranjero, obras fallidas, aciertos, crisis personales y logros compartidos conforman una historia que no solo habla de teatro, sino de permanencia.

Al finalizar cada función, el aplauso dura unos minutos. Después, las luces se apagan y el escenario queda vacío. Pero ellos permanecen. “Nos quedamos en las conversaciones, en las risas, en los proyectos que vendrán y en nuestra amistad incondicional (…) el teatro nos unió”, señalaron.

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