La Copa del Mundo 2026 aterrizó en uno de los sitios más emblemáticos de México: Chichén Itzá, donde fue exhibida bajo estrictas medidas de seguridad en un evento privado que fusionó historia, cultura y deporte de talla global. El trofeo, elaborado en oro macizo de 18 quilates y con un peso cercano a los seis kilogramos, se convirtió en el centro de atención en el corazón del mundo maya.
La presentación forma parte de la gira internacional del Mundial 2026, que recorrerá diversas ciudades de México, Estados Unidos y Canadá, países anfitriones del torneo que se celebrará del 11 de junio al 19 de julio. Este recorrido busca fortalecer la expectativa y posicionar el evento como uno de los más importantes del planeta.
El exfutbolista Hugo Sánchez calificó el momento como una imagen “histórica” que dará la vuelta al mundo, destacando el valor simbólico de llevar el trofeo a una de las siete maravillas del mundo moderno. La Copa fue revelada frente al imponente Templo de Kukulcán, generando una postal de alto impacto mediático.
En cumplimiento con las normas de la FIFA, únicamente campeones del mundo pueden tocar el trofeo. En esta ocasión, el exjugador español Fernando Llorente, campeón en Sudáfrica 2010, fue el encargado de sostenerla ante invitados selectos.
La elección de Chichén Itzá no es casual. Este sitio arqueológico es reconocido por fenómenos como el descenso de Kukulcán durante el equinoccio de primavera, evento que reúne a miles de visitantes y que simboliza la conexión entre el cielo y la tierra.
Además, el complejo alberga la cancha más grande del antiguo juego de pelota maya, considerado un antecedente cultural de los deportes colectivos modernos. Aunque sin relación directa con el fútbol, su inclusión refuerza el vínculo entre tradición y modernidad en este evento global.

