El director mexicano Fernando Eimbcke vuelve a colocarse en la conversación internacional con Moscas, una propuesta cinematográfica que combina drama, humor y una mirada íntima sobre la enfermedad y la soledad.
La cinta, que participó en la Berlinale, construye una narrativa aparentemente sencilla pero profundamente emocional. La historia sigue a Olga, una mujer de carácter áspero que, presionada por problemas económicos, decide rentar una habitación de su departamento. Sin embargo, su rutina cambia cuando descubre que su inquilino ha escondido a su hijo, un niño que enfrenta la dura realidad de tener a su madre hospitalizada.
Lejos de caer en clichés, Eimbcke apuesta por una evolución emocional genuina, donde la relación entre ambos personajes transita de la incomodidad a una inesperada amistad. Este vínculo se convierte en el eje central de una historia que aborda el cáncer desde una perspectiva humana y accesible.
Uno de los elementos más destacados es el uso del blanco y negro, recurso que aporta una estética sobria y potencia los momentos de humor sutil. Además, permite contrastar el mundo real con la imaginación del niño, quien encuentra refugio en los videojuegos como metáfora de la lucha contra la enfermedad.
La influencia del neorrealismo también es evidente, evocando obras como Ladrones de bicicletas, donde la cotidianidad se convierte en escenario de profundas emociones.
Con actuaciones destacadas de Teresa Sánchez y el debut de Bastian Escobar, Moscas reafirma el estilo del director, quien ya había explorado el universo juvenil en Temporada de patos.
La película no solo retrata el dolor, sino que lo transforma en una experiencia cinematográfica que conecta con el espectador desde la empatía y la reflexión.

