El indicador de inflación preferido por la Reserva Federal de Estados Unidos, el Índice de Precios de Gastos de Consumo Personal (PCE), registró una ligera desaceleración durante enero al ubicarse en 2.8% interanual, una cifra menor a la observada en diciembre, cuando alcanzó 2.9%, según datos oficiales publicados este viernes.
El resultado sorprendió moderadamente al mercado. Analistas consultados por Dow Jones Newswires y The Wall Street Journal estimaban que el indicador se mantendría sin cambios respecto al cierre de 2025. Sin embargo, el nuevo dato refleja una leve moderación en la evolución de los precios dentro de la economía más grande del mundo.
A pesar de esta reducción, el panorama inflacionario continúa mostrando señales de presión. El PCE subyacente, que excluye los volátiles precios de energía y alimentos, se ubicó en 3.1% anual, su nivel más alto desde marzo de 2024. Este componente es especialmente observado por la Reserva Federal, ya que permite medir con mayor precisión la tendencia real de los precios.
La inflación ha sido uno de los principales retos económicos desde la pandemia de COVID-19. Durante los últimos años, millones de hogares estadounidenses han enfrentado un incremento sostenido en el costo de vida, afectando gastos básicos como vivienda, alimentos y transporte.
En el ámbito político, el tema se ha convertido en un punto central del debate económico. El presidente Donald Trump ha señalado recientemente que los precios comienzan a estabilizarse, aunque diversos consumidores continúan reportando dificultades para afrontar el encarecimiento de productos esenciales.
Cabe destacar que el informe del PCE correspondiente a enero se publicó con retraso debido al cierre parcial del gobierno estadounidense registrado el año pasado. Además, el reporte aún no refleja los recientes aumentos en el precio del petróleo, derivados de tensiones geopolíticas en Oriente Medio, factores que podrían ejercer presión inflacionaria en los próximos meses.
Especialistas consideran que estos datos serán clave para definir los próximos movimientos de la política monetaria de la Reserva Federal, particularmente en lo relacionado con posibles ajustes en las tasas de interés.

