Tras seis años de pausa, la IBERO Puebla recupera una de las expresiones más emblemáticas de la tradición católica en Puebla: el Altar de Dolores, una práctica que combina arte, espiritualidad y memoria cultural dentro del contexto de la Cuaresma 2026.
Esta representación simbólica, que honra el sufrimiento de la Virgen María, regresa como parte del compromiso educativo jesuita por fortalecer la interculturalidad y la identidad religiosa entre la comunidad universitaria. La instalación se realiza cada viernes previo al Domingo de Ramos, evocando los siete dolores de María durante la pasión de Cristo.
El origen de esta tradición se remonta al siglo XIII en Italia, impulsada por la orden de los Siervos de María, y fue adoptada en México durante la época virreinal. Sin embargo, fue hasta el siglo XVIII cuando los jesuitas la posicionaron como una de las prácticas más representativas, integrando elementos del barroco novohispano con símbolos regionales.
En esta edición, destacan componentes como las lágrimas de vidrio soplado, que simbolizan el dolor de la Virgen, así como las banderitas metálicas que generan una atmósfera sonora entre tristeza y esperanza. También se incorporan tibores de talavera poblana, elaborados en colaboración con Casa Torres, reforzando el vínculo con la artesanía local poblana.
El Mtro. Alfredo Cruz Colín explicó que el altar está dedicado a la Virgen de los Dolores, resaltando advocaciones marianas que reflejan el duelo y la devoción. Además, la experiencia se complementa con una saeta flamenca, expresión musical de origen andaluz que intensifica el sentido espiritual.
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