Equidad entre géneros
Las poblanas cumplieron una vez más su cita de cada 8 de marzo y recorrieron, por miles, las calles de la ciudad. Primero, las madres buscadoras, mujeres que llevan años tratando de encontrar los restos de sus hijos en lugares como el rancho Izaguirre, en Teuchitlán, Jalisco. Después, madres de familia que enseñan a sus hijas a extender sus alas y a volar tan alto como deseen. Más atrás, las jóvenes, las aguerridas, las hartas, las que queman panfletos, las que increpan a las policías o derriban cristales. Expresiones distintas, sí, pero que se conjugan en un mismo reclamo. Las mujeres no gozan de las mismas condiciones que los hombres, ya sea en el ámbito laboral, social o judicial. Y aunque las cosas han cambiado poco a poco, las diferencias siguen siendo evidentes, sobre todo cuando salen a la calle y son increpadas por su forma de vestir o por su cuerpo; o cuando deben soportar el maltrato de un padre, un novio o un hermano. Las mujeres tienen mucho que decir ante una población masculina empoderada pero silenciada. En esta lucha por la equidad, no se puede negar la existencia de la contraparte biológica. Ambas partes se necesitan y se complementan. Es, al final, la humanidad misma. De lo contrario, corremos el riesgo de desbordar el enojo sin alcanzar resultados reales. ¿Será?
Pintas que incomodan
Las movilizaciones feministas no sólo visibilizan la indignación por la violencia de género y los feminicidios, sino que también confrontan a la sociedad con las formas en que se expresa el descontento. La llamada iconoclasia, es decir, las intervenciones en monumentos, edificios o símbolos, se ha convertido en uno de los elementos más polémicos de estas manifestaciones. Para los colectivos, forman parte de un lenguaje político que busca sacudir la indiferencia institucional y social frente a una problemática persistente. Las pintas o las intervenciones simbólicas son, desde esa perspectiva, una forma de evidenciar el enojo y el dolor acumulado por años de impunidad. Sin embargo, la reacción social muestra que no existe un consenso sobre estas prácticas, ya que una parte de la población las percibe como vandalismo o como una agresión. Más allá de la discusión sobre los daños materiales, subyace una conversación pendiente sobre cómo una sociedad procesa la indignación y qué tan dispuesta está a escuchar las exigencias de justicia. Mientras no se logren puntos de encuentro, cada 8 de marzo seguirá evidenciando las profundas divisiones en la forma de interpretarlo. ¿Será?
Descartan contaminación
El pronunciamiento de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente sobre el relleno sanitario de Chiltepeque envió un mensaje de tranquilidad a los habitantes de la zona sur de Puebla capital. De acuerdo con la dependencia, tras las inspecciones realizadas con dron y la verificación de cuerpos de agua cercanos, no se detectó contaminación atribuible a la operación del basurero ubicado en Santo Tomás Chautla. Aunque la autoridad asegura que el olor percibido responde al proceso natural de descomposición de los desechos, pobladores de comunidades cercanas han expresado inquietudes sobre posibles impactos ambientales. Según el reporte oficial, durante la inspección del 3 de febrero, no se observaron desbordamientos en el sistema de captación de lixiviados ni en el drenaje pluvial del sitio. Más allá de los resultados técnicos, la continuidad en las labores de vigilancia y la comunicación transparente entre autoridades y vecinos son elementos clave para garantizar una gestión adecuada de los residuos y la protección del entorno. ¿Será?
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