Candidatos y criminales
El gobernador de Puebla, Alejandro Armenta Mier, lanzó un contundente llamado a los partidos políticos para que eviten postular a candidatos con antecedentes penales o vínculos con el crimen organizado rumbo a las elecciones de 2027, advirtiendo que, de no hacerlo, su administración hará públicos esos casos. Su advertencia apunta a una de las principales preocupaciones de la ciudadanía: la infiltración del delito en la política. Cuando actores ligados a actividades como el huachicol, el robo de vehículos o el narcomenudeo llegan a posiciones de poder, no sólo se vulnera la legalidad, sino que se deteriora la confianza en las instituciones y se profundiza la inseguridad en las comunidades. No obstante, la exposición pública desde espacios oficiales debe sustentarse en información sólida y verificable para evitar que se convierta en un instrumento de confrontación política o de señalamientos sin sustento. En última instancia, la responsabilidad recae tanto en los partidos como en las autoridades electorales y la ciudadanía. Si la política aspira a recuperar credibilidad, el primer paso es cerrar definitivamente la puerta a quienes ven en el poder público una extensión de intereses criminales. ¿Será?
Alerta por trata de personas
La trata de personas sigue operando en Puebla con mecanismos cada vez más sofisticados y silenciosos. Así lo demuestra el reciente rescate de dos mujeres colombianas presuntamente víctimas de explotación sexual en la junta auxiliar de San Baltazar Campeche, en esta capital. La historia de mujeres extranjeras traídas mediante engaños y falsas promesas de trabajo, no es nueva. Es, de hecho, uno de los métodos más frecuentes utilizados por redes de explotación sexual que aprovechan la vulnerabilidad económica y migratoria de sus víctimas. Lo preocupante es que estos esquemas logran instalarse en zonas urbanas sin despertar sospechas durante largos periodos. La detención del presunto responsable y su vinculación a proceso es un paso necesario, pero no suficiente. La experiencia en otros casos muestra que este delito rara vez es obra de un individuo. Detrás suelen existir redes que facilitan el traslado, la captación y la explotación. ¿Cuántos lugares similares podrían estar operando sin ser detectados? La trata de personas es un ilícito que prospera en la clandestinidad, pero también en la indiferencia. Combatirlo requiere de operativos policiacos, políticas públicas sólidas, cooperación internacional y una ciudadanía dispuesta a denunciar. ¿Será?
Ni los hospitales se salvan
El asalto ocurrido la madrugada del 10 de marzo en la Clínica 7 del IMSS, en la unidad habitacional San Bartolo de Puebla capital, deja una señal inquietante: ni los hospitales están a salvo de la delincuencia. Un grupo de sujetos armados sometió al único guardia de seguridad y sustrajo varias cajas de medicamentos. La escena también evidencia la creciente presión del mercado ilegal de fármacos. Muchos de estos robos se enfocan en medicamentos de alta demanda, algunos utilizados en tratamientos neurológicos o psiquiátricos, que pueden terminar en redes de venta clandestina o en manos de personas con problemas de adicción. Así, los hospitales se convierten en objetivos para delincuentes que buscan obtener rápidamente sustancias con valor en el mercado negro. Cuando la delincuencia alcanza incluso a los hospitales, el problema deja de ser sólo de seguridad patrimonial. Se trata de una amenaza directa al derecho a la salud y de una señal clara de que las instituciones que deberían ser refugios seguros también necesitan mayor protección. ¿Será?

