Un error de comunicación

Parece que los poblanos no logramos ponernos de acuerdo o carecemos de una visión clara sobre cómo dar el salto hacia un sistema de transporte metropolitano eficiente, limpio y ágil, que garantice traslados rápidos y seguros para una ciudad que forma parte de la cuarta zona metropolitana más poblada del país. Cualquiera que nos vea de afuera, tal vez se cuestione el origen de nuestras resistencias a la modernidad y el desarrollo, a pesar de la importancia económica y demográfica de la ciudad y el estado. Sin embargo, la realidad es más compleja. El Cablebús no es, en absoluto, una idea descabellada. El problema radica en que el proyecto fue presentado de manera parcial, sin una justificación clara que explicara cuáles son los corredores más congestionados: si de oriente a poniente, de norte a sur…, en concreto, las rutas que sustentan la necesidad de esta propuesta. Han circulado imágenes generadas con inteligencia artificial que muestran una Puebla moderna, con líneas de cable cruzando calles limpias y arboladas, donde corren autobuses articulados en carriles confinados, en medio de un tráfico vehicular ordenado y fluido. Esa visión apela a la imaginación, al deseo de progreso permanente. Pero una imagen, por sí sola, no basta. El problema del Cablebús no es el proyecto en sí, sino la forma en que fue comunicado: de manera fragmentada y a cuentagotas. Se trata, en esencia, de un error de comunicación. Si antes de mostrar las góndolas en diciembre pasado se hubieran definido claramente las rutas, explicado los beneficios y precisado cuántas personas resultarían favorecidas, es muy probable que la ciudadanía lo hubiera respaldado. Porque si algo necesita Puebla es, como hemos dicho, un sistema comparable con el de Guadalajara, Monterrey o la Ciudad de México. De lo contrario, seguiremos anclados en un modelo arcaico que únicamente conecta las periferias con el centro para actividades básicas, como el comercio cotidiano. Es momento de pensar en clave metropolitana. ¿Será?

Elegirán nuevos directivos

La falta de transparencia en los procesos de designación de autoridades educativas originó una crisis en diversas escuelas normales y unidades de la Universidad Pedagógica Nacional en el estado, donde se organizaron distintas manifestaciones y la suspensión de labores. La inconformidad de docentes y estudiantes no surgió de manera aislada, sino como respuesta a decisiones percibidas como unilaterales, que vulneraron principios básicos de participación y legitimidad institucional. Si bien la reacción de la Secretaría de Educación Pública al abrir una convocatoria para la elección de directores representa un paso en la dirección correcta, también pone de manifiesto que las decisiones iniciales carecieron del consenso necesario. La intervención del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y la instalación de mesas de diálogo, demuestran que la presión colectiva sigue siendo un mecanismo eficaz para corregir medidas impopulares. No obstante, el llamado de la autoridad a retomar las actividades académicas plantea un dilema: si bien es fundamental garantizar la continuidad educativa, también lo es asegurar que los procesos internos sean justos y transparentes. La regularización de las actividades no debe implicar el olvido de las demandas que originaron el conflicto. El reto de fondo para las autoridades educativas será construir mecanismos permanentes de participación que eviten que situaciones similares se repitan, fortaleciendo así la confianza de la comunidad académica en sus instituciones. ¿Será?

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