Los partidos del Mundial FIFA 2026 en México, EU y Canadá, serán los últimos que se transmitan en señal abierta, han adelantado los expertos en el tema. Acceder a los estadios para presenciar los encuentros mundialistas, es sólo para gente pudiente, por lo exorbitante y ofensivo de los precios de los boletos. Lo que era visto como un deporte popular, ha superado los gastos para asistir a uno de los circuitos de la Fórmula 1.
El deporte sigue su ascenso mercantilista, y un Mundial como la FIFA 2026 ha envuelto al gobierno federal y de los estados al negocio del futbol, un recurso también para el uso político. Como negocio, el Gobierno cedió el nombre del Estadio Azteca a una institución bancaria, destinando miles de millones de pesos a los accesos para favorecer la comercialización. Cifras extraoficiales estiman en más de tres mil 500 millones de pesos la remodelación del recinto con la identidad corporativa del banco.
Ese mismo banco empezó con el negocio mundialista a través de sus sucursales, llegando al extremo de discriminar a los clientes no pudientes. En la venta de boletos, los empleados seleccionaron a clientes con alto poder de compra para consumir en restaurantes y souvenirs a "precio FIFA". Detrás del Mundial existe un enorme negocio que involucra a los gobiernos estatales, quienes erogarán millones de pesos por sedes de entrenamiento o encuentros amistosos, como el España-Perú en el Estadio Cuauhtémoc.
No se conoce con precisión cuánto costó a las finanzas del estado tener dicho encuentro, pues los expedientes suelen reservarse por cinco años. El deporte profesional también es utilizado con fines propagandísticos. Es inexplicable el despliegue publicitario millonario para el encuentro boxístico de Gabriela “La Bonita” Sánchez —funcionaria del Gobierno estatal— realizado por una empresa promotora con capacidad para utilizar autobuses del servicio público para el "acarreo" de personas a la Arena GNP.
De acuerdo con testigos, a los asistentes les dieron un emparedado, papitas, bebidas y 200 pesos. Muchas de estas personas ocuparon asientos vendidos a verdaderos aficionados. Esta práctica del acarreo se está haciendo costumbre en otros encuentros, como el voleibol de las Guerreras de Puebla, consolidando la visión del deporte como un negocio y herramienta política, igual que el Mundial FIFA 2026.
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