Los Guisantes de Mendel 
Por: Víctor Florencio Cabrera / @vicfc7 

Tal vez darle la vuelta al sol sea una de las muestras más imponentes que tiene la naturaleza para nosotros, aunque lo hayamos simplificado en decir “pasó un año”.

Pues bien, le hemos dado una vuelta al sol desde que inició un diferendo legal con el propio astro rey, algo que algunos hemos llamado un “coletazo del dinosaurio” que no entiende que su función en el medio ha cambiado.

Hace casi un lustro (cinco vueltas), una reforma decidió cambiar el modelo que teníamos de monopolio de Estado en energía, con precios elevados, una risible además de lamentable, baja velocidad de transición energética y todos los defectos de los monopolios y la burocracia, para hacerlos ahora un mercado abierto.

Si bien el mercado tiene muchas ventajas sobre el monopolio, también tiene sus propios conflictos y la reforma previó algunos, pero no los evitó del todo.

El regulador del mercado, que es la verdadera autoridad, decidió que quien reparte la electricidad (y cobra por ello) debía pagar al mismo precio la energía, viniera de donde viniera, cosa que parece bastante razonable. Eso no beneficiaba ni al gran generador ni a quien ponía paneles en su casa, sino que los dejaba en igualdad de condiciones (base de una buena competencia). Pero quien se encarga de administrar estos procesos (aquí se llama por ahora sólo CFE Suministro básico) dijo que era muy caro y se inconformó. Eso es el amparo.

El pleito no es nuevo en el mundo y es común pues el distribuidor y administrador suele ver como perdida de clientes cada techo solar.

Y es que el hecho de que nosotros podamos generar nuestra propia energía para usarla en nuestra casa o negocio es un factor que rompe completamente con el esquema que por más de un siglo se mantuvo como opción casi única por los costos: los grandes generadores y las también enormes redes de transmisión y distribución eléctrica. Y mientras sea más competitivo generar nuestra propia energía y almacenarla, más estarán en peligro de desaparecer las grandes redes y generadores.

Por eso el dinosaurio empieza a dar coletazos, porque defiende su nicho.

¿Era normal el amparo de CFE? Si: protege intereses o incluso es casi instintivo.

¿Es correcto? Tal vez con una visión de empresa podríamos decir que no. Pero que a nadie se engañe, CFE sigue siendo una empresa monopolica, irá surgiendo competencia y entonces será preponderante un buen rato. Y más: por muchos cambios que se hagan en la ley, en los hechos su herencia se mantiene con la esencia de dominante, así nació, está en sus “genes”.

¿Que efectos ha tenido el amparo en el mercado?

Pocos, pero significativos: generó desconfianza y sólo hay ahora un par de proyectos de venta de energía por pequeños productores, por la desconfianza que el amparo genera.

¿Qué puede pasar si el amparo prospera?

Creo que hay dos efectos, uno de corto y uno de largo plazo.

De corto plazo será un descuento sobre el precio de la energía que venden los pequeños generadores (usted, yo o quien tenga instalados paneles), pero el de largo plazo es más importante: CFE se mantendrá en la protección de su nicho, de su modelo, retardará el proceso de comprender que la tecnología y la ley están cambiando la situación. Y si la tecnología se mantiene como hasta ahora, cada vez más eficiente y barata, en el mediano plazo CFE será un conjunto de cables, tubos, postes, presas inservibles, con personas desconectándose y generando y almacenando su propia energía, de forma limpia y barata.

¿Parece una utopía? No, vea el caso de Hawai, donde la gente ya prefiere desconectarse y México tiene un potencial solar altísimo que puede dar al traste de forma relativamente rápida con muchas de las anquilosadas estructuras que describí arriba.

 

Los Telómeros

Una de las causantes de que me iniciara en este gusto de escribir es una periodista amiga de muchos años, Leticia Ánimas, directora en ese entonces del Guardián de la Sierra. Tenemos profundas diferencias ideológicas. Ella estaba en un proyecto con un amigo suyo, con quien tenía coincidencias ideológicas. Pero encontró algo que no le gustó: alguien estaba lucrando con las candidaturas. Fiel a su honestidad y profesionalismo lo dijo y su amigo, en lugar de revisar y condenar el asunto, la condenó a ella.

Desde aquí mi solidaridad con Leticia, cuya rectitud está por encima de sus preferencias ideológicas. Ella recibió una lamentable lección,  aprendió que los intereses pueden estar por encima de las coincidencias, la congruencia y la amistad. Mala señal.

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