Figuraciones Mías
Por: Neftalí Coria / @neftalicoria
Para Nadia, mi querida editora
Mi experiencia es la de haber escrito novelas, obras de teatro y una cantidad mínima de cuentos, que no han visto la luz de la publicación. Sin embargo, mi trabajo no se detiene y me basta que los textos que escribo estén terminados y se levanten en sus páginas, con la dignidad y las simientes necesarias para sostener la estructura total de la historia y bajo la ley de la prosa que se me dio escribir, cuidar que respire, como creo que debe respirar todo relato saludable. Por todo esto, he reflexionado sobre la narrativa con frecuencia.
Ahora pienso en los relatos de Alice Munro que desde hace algunos años me han arrebatado y en los que me detengo a contemplar con frecuencia, pero diré el porqué de mi contemplación al paisaje de sus narraciones perfectas. Y es que en sus cuentos, los personajes son tan claros que puede uno imaginar con toda precisión la ropa que llevan, los gestos que hacen aunque no estén descritos en el relato. Son los suyos, relatos en los que puede verse la fineza que sólo una narradora diestra y profunda como Munro, pudo haber mirado desde el fondo de los sucesos que narra. Y es que Munro, halla los momentos exactos, que nadie más vio, para tejer la trama con los hilos precisos y elevar una poética de la historia, que sólo con lo fino de los detalles invisibles, se puede lograr y que en el cuento, es precisamente lo que hace que una pieza narrativa sea una obra de arte, y es claro que en la autora canadiense, es totalmente evidente.
Cada una de sus piezas, alcanza el rango al que me refiero. Munro es además visionaria en lo que a las perversidades de la gente común se refiere. Ella puede ver y comprender con claridad, la negrura, las traiciones, las mentiras, los cuchillos ocultos que esconden los que a la luz del día nos parecen “buenos”, inofensivos, ciudadanos comunes, gente ordinaria o común. Y es que Munro encuentra en el lenguaje, la tenebrosidad discreta con la que actúan las personas que parecen no hacer daño a los que rodean. Hay un cuento por ejemplo (“Isla de Cortés”) en que hay una mujer criminal que jamás se imaginaría nadie que lo fue; un personaje siniestro al que no se le nota un ápice de maldad por ninguna arista de su conducta, sin embargo, a primera vista, nos parece una mujer suspicaz, pero inofensiva que no daña a nadie con sus fisgoneos e intrigas, pero como suele pasar con este tipo de villanos, siempre son culpables de catástrofes que nadie imaginaría. Son personajes que viven tras un velo de una buena apariencia y mejor voluntad con el mundo que los rodea, pero en su alma, está la noche y los relámpagos del crimen latente. O pueden encontrarse en la galería de personajes de la autora de “Las lunas de Jupiter”, personajes de los cuales no se puede comprender su estupidez frente a la maldad, ni puede entenderse la permisividad de que el mal de otros, decida su destino y los mantenga en la mediocridad, en el conformismo o la parálisis de aceptarlo todo, como en uno de los cuentos del libro “Demasiado amor”, en el que una mujer –después que su marido asesina a sus hijos asfixiándolos–, lo visita en la cárcel y duda perdonarlo y hasta parece creer que el argumento demencial del hombre, es razonable. Cuando leí ese relato, no podía creer la humillación en la que el personaje estaba viviendo y me rebelaba ante lo que para mí no tiene otro nombre que injusticia. Sin embargo, la madre de los hijos muertos, acude a visitar al asesino en nombre de un amor enfermo y una soledad que es el fuego que le hace permanecer en la humillación en la que está condenada a vivir, porque no puede levantar ni voz ni banderas de rebelión y justicia por sí misma y allí permanece.
Al final, creo que la obra de Munro, abunda sobre mujeres desdichadas y expone un problema que mucho tiene que ver con el sometimiento femenino en un mundo machista y autorizado por el canon de las costumbres que hasta hoy siguen vigentes. Y es que a la fecha –como en los cuentos de Munro–, hay mujeres humilladas en nombre del amor, mujeres sin la voz entera y sin la justicia de género que merecen. Munro con sus personajes mujeres que viven en su obra, entrega al mundo un reclamo que primero fue suyo y que de manera completa, pueden hacerlo suyo muchas mujeres, que a los más de doce libros de relatos de la obra de la Premio Nobel 2013 se acerquen. Y es que no se habla de feminismo, sino de un reclamo por la naturaleza en el trato igualitario de los seres humanos que conviven en el amor, en la amistad, en el parentesco, en la lejanía del odio o en la cercanía de la mentira pequeña que corre por la sangre de aquellos que se tratan como partes de la familia, los amigos, los conocidos del vecindario o los que se enlazan bajo una relación al parecer simple.
Los motivos de escritura en Alice Munro, pueden encontrarse en su biografía y no será difícil estudiar el contexto en el que la escritora se formó como persona y como artista. Una obra que se crea después de la segunda guerra mundial y previa a las corrientes sociales defensoras de la mujer. Una obra auténtica es la de Alice Munro, innovadora, si así se le quiere llamar, una obra con avances verdaderos y que de verdad habría que atender y quedarse a contemplar.º
