La Mirada Crítica

Por: Román Sánchez Zarmora / @RomansanchezZ 

Melanie se quedó pensado si en realidad somos lo que leemos, o de dónde viene el genio del hombre… eso le había dicho su papá…

¿Quién podría decirle?

¿Cómo averiguarlo?

¿Quién podría hacer caso a esta niña de 10 años?

―Mi cómplice, mi amiga y consejera… Ana, necesito tu apoyo― le dijo a su prima de 16 años, quien no esperaba la visita de su prima…

Escuchó todo lo que Melanie tenía en su cabeza.

―¿No estás muy niña para hacerte esas preguntas?― le dijo sorprendida…

―Bueno, son mis preguntas…

―Mi papá tiene algunas publicaciones de hace años en un cuarto de trebejos que ha ido acumulando; todos los años mi mamá le dice que tire todo; mi papá siempre le dice que sí, que es necesario un estudio y así por cinco años han estado, creo que allí está lo que tú buscas.

―Aquí está… por fin― después de remover hasta un colchón que según tenían para las visitas que nunca llegaban.

Las dos comenzaron a revisar: El libro vaquero, una lectura que hablaba de un viejo oeste del norte de América, donde los pueblos originarios eran los malos y las mujeres caían seducidas por los vaqueros, todos ellos hombres criollos europeos.

El libro sentimental, una historia de amor en colores sepia, donde toda tragedia terminaba en felicidad y muchas historias terminaban en muerte o en desamores. Tenía además poesía, y una sección de corazones solitarios donde la gente se anunciaba para tener contacto con otras e iniciar una relación; algo así como las redes sociales pero muy-muy antiguas, así lo comentaron y rieron las dos primas.

Vieron en una bolsa negra, unas revistas grandes y al verlas saltaron de pánico. La alarma, se llamaba, con notas sobre accidentes y una serie de notas rojas con fotografías muy crueles y que en los años 80 era la sensación.

De allí vieron… el Memín Pinguín, Bolillo, Sensacional de traileros, de lucha libre, el Capulinita, El mil chistes, El transas, Hermelinda linda, El Aniceto Verduzco, el Fantomas: el primero… de un niño que buscaba el amor de su “má’ linda”, el cual por su color era diferenciado por los demás, en un claro racismo. El siguiente era un perro que tenía aventuras, un pastor alemán, pero los actores dibujados claramente no eran mexicanos, eran de estilo norteamericano; los de tráileres y de luchas eran las mismas historias, un tanto grotescas y casi pornográficas por sus dibujos y su sentido social era negativo, donde ellos podrían ganar si eran corruptos o tenían la habilidad de mentir; esos eran los valores que mas exhibían.

El Capulinita, la caricatura de un hombre que no trabaja, que vive con su abuelito, el cual es sumamente agresivo, no puede ser motivo de gracia, menos aún mostrar un país donde lo que más aflora es la flojera y es muy notoria su división de clases sociales.

La siguiente era una revista de chistes donde los dibujos sugieren un dominio del hombre sobre la mujer y esta misma es un instrumento que motiva sus apetitos sexuales, dónde no existe el respeto y la equidad.

En El transas era mostrar a un hombre con su perro, el cual no trabaja y siempre va a la conquista de una chica que sí trabaja, pero está enamorada de él y este mismo muestra su falta de iniciativa… ¿eso puede ser ejemplo para un México naciente?

―No creo que El transas pueda ser un título sugerente para un nuevos país― dijo Melanie.

Las dos siguientes: Hermelinda y el Aniceto, eran del mismo corte, los dos hechiceros, despedazaban gente de una manera grotesca y vivían en la pobreza; los dos personajes tenían relación con gente rubia, de mucho dinero y regularmente para ellos hacían los hechizos.

El Fantomas, un súper héroe que sus historias no les encontraba sentido; un hombre con una media blanca en la cara que servía de máscara y nadie sabía quién era, pero la historia era de un toque inglés.

¿Y con esto estaba generando identidad nacional?

¿Con esto se dice al mexicano qué debe hacer?

¿Esa editorial en verdad buscaba hacer patria o por unos pesos deshacía una patria?

¿Y el gobierno que hacia?

¿Y la academia?

¿Y las familias?

Parece que se interpreta a una sociedad a la deriva ante un mar lleno de turbulencias sociales y poco a poco la gente sólo se dedica a subsistir, pero, en realidad, ¿esas clases dominantes así se sienten seguras?

El sentido de organización desde los presocráticos, el reconocimiento natural del hombre, Diógenes… o en América buscar una organización basada en miedos y deidades son con el fin de organizarnos y sentirse hasta con una recompensa después de la muerte.

¿Es sano tener a los ciudadanos sin algún sueño de progreso?

¿Es sano para una sociedad turbar sus anhelos para ubicarlos que su destino será: el nunca salir del corredor como las macetas, según cita su refranero popular?

Así han preprogramado a toda una sociedad, así le dijeron durante muchos años, hasta que la sociedad se lo creyó y cada cuatro años desea ser perdonado y vuelvan unos jugadores de futbol como el Prometeo con el fuego para los hombres, con una copa que les dará la tierra prometida en un triunfo, que se transfiguran en un milagro y no a una política social que permita hacer mejores jugadores cuidados desde niños y criados para ganar.

¿Dónde buscar el origen de los males de la sociedad?

Muchos dicen que ya todo está perdido y si está perdido ¿por qué aún se aferran a la vida? A la razón de las instituciones, porque aún siguen añorando tiempos idos donde ellos no defendieron las ganancias que tenían.

¿Cómo construir un país ante manifestaciones ideológicas que generan opinión pública con estas bases?

¿Cómo compararnos con otros países, cuando ellos han tomado otros rumbos; sin embargo, no por eso ellos mantienen también ideas ligadas más que a lo tradicional, a gente sin el compromiso social?

¿En realidad existe un rumbo de progreso dentro de la formación ideológica de la población?

La formación de nuevas generaciones para desarrollar su entorno y no sólo compararse con otros países, basado en métricas ajenas, filosofías inoperantes desde lo local, sino generando toda una corriente propia para nuestro país.

Melanie, le dijo a su prima…

―¿Y entonces cómo se ha sostenido este país con estas manifestaciones ideológicas? ¿Si somos lo que leemos entonces, qué sucedió antes, a quién leían, por qué nuestro país se veía mejor, por qué los niveles de respeto eran más marcados en todas las clases sociales?

―Y se quedan muchas revistas aún sin revisar― le dijo Ana, con la mirada triste y una actitud decepcionada de lo que habían visto y analizado; suspiró muy preocupada; ahora sabían por qué existía esa descomposición social, lo cual no sólo era por la responsabilidad de las escuelas o las familias, sino que muchos dejaron simplemente su tarea respecto a la unidad nacional de un país que la hiciera una revista barata…

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