Encrucijada
Por: Luis Antonio Godina / [email protected]
El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, afirmó al recibir su constancia como ganador de la elección presidencial: “El Ejecutivo no será más el poder de los Poderes”.
La afirmación viene a cuento porque el modelo de gobiernos divididos llegó a su fin en junio pasado, cuando los ciudadanos decidieron entregarle a Morena grupos parlamentarios numerosos en el Congreso de la Unión, lo que le permite tener una mayoría estable y poderosa.
El que un gobierno cuente con mayoría parlamentaria no es novedoso en México. Así ocurrió hasta 1997 cuando el PRI perdió, por primera vez, esa mayoría.
Han pasado 21 años desde entonces y la democracia en México ha avanzado hacia elecciones equitativas, competidas, limpias, con participaciones altas.
Las reformas electorales crearon instituciones que son ejemplo a nivel mundial, despojaron al gobierno del monopolio de la organización de las elecciones y se lo entregaron a los ciudadanos. Pero, lo más importante: los votos cuentan y se cuentan.
Esos avances desembocaron en este otorgamiento de una mayoría a Morena en las recientes elecciones, y ahora tendremos una relación, entre el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo, inédita.
Y es así porque esta nueva mayoría tendrá varias labores:
La principal es, sin duda, ser contrapeso del Ejecutivo a pesar de compartir un proyecto común. Ese contrapeso debe ser para impedir regresar a épocas en las que la única voz que se escuchaba era la del presidente de la República.
Y la otra, igual de importante, es continuar profundizando en nuestra democracia, respetar las voces disidentes y a las minorías que, en esta ocasión, representan a casi la mitad de los ciudadanos que participaron en las elecciones.
La relación entre el Congreso y el presidente de la República va a marcar el México democrático que tendremos en los próximos años.
No puede haber vuelta atrás.
