Al unir información de fósiles antiguos y análogos modernos se espera construir un cronograma, un árbol filogenético que eventualmente se remonte a cuando las cianobacterias desarrollaron la capacidad de dividir el agua y producir oxígeno
Por: Redacción
Fotos: Especial
Usando evidencia genética y fósil, especialistas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) analizan las primeras etapas de la evolución de la Tierra.
En el Laboratorio de Geobiología coordinado por Tanja Bosak, del Departamento de Ciencias Planetarias, Atmosféricas y de la Tierra de ese instituto, la estudiante de posgrado Kelsey Moore se centra en la geobiología, el estudio de cómo interactúan la Tierra física y la biosfera.
La línea de investigación se centra en los microbios antiguos del Proterozoico, el periodo de la historia de la Tierra que abarca de dos mil 500 millones a 542 millones de años en el pasado, que abarca desde el momento en que el oxígeno comenzó a aparecer en la atmósfera, hasta el advenimiento y proliferación de la vida compleja.
Al principio de sus estudios de postgrado, Kelsey Moore y Tanja Bosak colaboraron con Greg Fournier, profesor de geobiología, en la investigación del seguimiento de la evolución de las cianobacterias.
La interrogante de cuándo las cianobacterias adquirieron la capacidad de realizar fotosíntesis, que produce oxígeno, y cuántas plantas en la Tierra obtienen hoy su energía, está a debate entre la comunidad científica.
Relojes moleculares
Para rastrear la evolución de las cianobacterias, los investigadores del MIT utilizan la genética y la micropaleontología. Moore trabaja en modelos de reloj molecular que rastrean mutaciones genéticas a lo largo del tiempo para medir la divergencia evolutiva en los organismos.
En un comunicado, el MIT informó que los especialistas revisan diversas y múltiples cianobacterias bajo un microscopio para encontrar análogos modernos de antiguos fósiles de cianobacterias.
Una vez que ha identificado un análogo, los expertos cultivan ese tipo particular de cianobacterias para después de que la cepa se enriquece y cultiva se extrae el ADN de las cianobacterias.
“Organizamos secuencias de organismos modernos para obtener sus genomas, reconstruirlos y construir árboles filogenéticos”, explicó Kelsey Moore.
Al unir información de fósiles antiguos y análogos modernos se espera construir un cronograma, un árbol filogenético con un componente de tiempo que eventualmente se remonte a cuando las cianobacterias desarrollaron la capacidad de dividir el agua y producir oxígeno.
La estudiante del MIT colabora con investigadores en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA) para prepararse hacia la próxima misión del Mars Rover en 2020.
