
La Quinta Columna
Por: Mario Alberto Mejía / @QuintaMam
Las clases sociales sí existen.
No es lo mismo ser presidente o vicepresidente de la Mesa Directiva del Senado que ostentar el cargo de segunda secretaria.
Nancy de la Sierra se topó con la realidad ahora que rindió protesta como tal en la sesión fundadora del miércoles.
Sonriente, ubicada en la última fila —casi en las galerías—, la senadora que se sacó la lotería de MORENA tuvo que resignarse a ser la segunda secretaria frente a su odiado Rafael Moreno Valle, quien fue ubicado en la vicepresidencia.
Sentada, pues, en la zona del Bronx, Nancy de la Sierra —odiadora profesional de los teziutecos (sus paisanos) y de los “pinches gatos”— votó por Moreno Valle y por ella misma a la hora de constituir la Mesa Directiva que gobernará el Senado durante el primer año de esta legislatura.
Frustrado, desde su lugar en las galerías, José Juan Espinosa tragó pinole cuando vio que su mujer saludaba de beso al senador Moreno Valle.
¡De beso!
No de mano.
No de “Quiúbole, tú”.
No.
De beso.
Elocuente beso de mejilla.
Espinosa quiso gritar algo en contra de Moreno Valle —su benefactor en varios momentos de la historia reciente—, pero el pinole se lo impidió.
Solo tosió, resignado, por lo que acababa de ver.
(Una fuente cercana al matrimonio reveló que —todavía con el pinole en la garganta—, el diputado local le dijo a la senadora que si era necesario saludar de beso a quien tanto odian.
—Ay, no empieces (pinche gato). Ni modo que no lo saludara —respondió desde su Segunda Secretaría.
José Juan quiso seguir argumentando, pero el pinole otra vez se lo impidió y sólo soltó algo parecido a un rebuzno.
*
Acaba de votar Moreno Valle cuando a unos metros suyos Ricardo Monreal, jefe máximo del Senado, le gritó “ya no saludas”.
El ex gobernador de Puebla se volteó y regresó a abrazar al pastor de MORENA.
Los fotógrafos no perdieron la imagen.
Tampoco Nancy y José Juan, quienes desde las alturas sólo soltaron un “chingada madre” que nadie escuchó.
*
A la misma hora, pero en el Congreso de los Diputados, la justicia poética alcanzó a Porfirio Muñoz Ledo, nuestro Churchill mexicano, a quien ni el whisky —esa leche de los viejos— ha logrado derrotar.
Un día antes, el diario Reforma —mutado en TV Notas—, exhibió al legendario político a través de un video hijo de la mala leche.
Ahí se ve a don Porfirio buscando la salida del restaurante Il Becco, ubicado en el lobby del hotel Four Season, con paso titubeante.
Mientras su auxiliar le colocaba el saco, Muñoz Ledo, sin perder la elegancia, se despedía de los meseros, quienes correspondieron su gesto con expresiones generosas, llenas de admiración.
Don Porfirio se detuvo.
El comensal que lo grababa acotó morboso: “no puede ni caminar”, pero nuestro Churchill recompuso el paso y siguió su ruta hacia la historia.
La mañana del jueves entró al Congreso de los diputados con esa expresión inteligente que lo acompaña siempre.
Luego, ocupó con gran modestia su lugar en la Tribuna.
Mientras el siempre sobrado Pablo Gómez llevaba la Mesa de Decanos sitiado en su epidermis, Muñoz Ledo ni siquiera se movía.
Con esos ojos que han visto todo, miraba a los integrantes de la nueva legislatura, poblada, hay que decirlo, de muchos ignorantes.
Más tarde, cuando Pablo Gómez dio paso a la votación para elegir a don Porfirio, inició un ritual de sobra conocido: el besamanos.
Y el gran beneficiario fue quien terminó siendo elegido, por absoluta unanimidad, presidente de la Mesa Directiva.
Todos —priistas, panistas, morenistas— le rindieron culto, hasta Nayeli Salvatori de Montero, quien estuvo casi un minuto platicando con el sabio legislador.
Luego subió al besamanos Fernando Manzanilla —líder de una bancada técnicamente inexistente—, a quien Muñoz Ledo solo le dedicó diez segundos: los suficientes como para que el cuñado de Moreno Valle le dijera que desde niño lo ha admirado.
Antes, cuando los diputados de MORENA contaban del uno al cuarentaitrés en honor a los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa, Manzanilla miraba la escena.
¿De qué se rie si el homenaje es luctuoso?, fue la duda que mató a quienes lo observaron.
