El académico, nivel III del SNI, habla de su profundo interés por la verdad y cómo esta fascinación lo convirtió en un riguroso científico
Por: Redacción
“Hagamos una analogía que no es exacta, pero que vale”, propuso en entrevista Alejandro Palma Almendra, académico del Instituto de Física de la BUAP (IFUAP), para dimensionar en otros términos el nivel de abstracción matemática de sus trabajos.
“Del arte clásico, la pintura evolucionó y llegó a la abstracción, como las creaciones de Picasso, e incluso ha ido más allá de Miró, cuyas figuras ya son difíciles de reconocer”. Esta evolución, prosiguió el científico, nivel III del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), se manifiesta también en las matemáticas.
Así como del arte figurativo se llegó al abstracto, en las matemáticas las nociones “muchos” y “algunos” fueron superadas y dieron lugar a los primeros símbolos numéricos, más tarde a otros, como Pi, luego a teoremas y postulados. Si alguien ha contemplado las obras del artista surrealista Joan Miró, seguro entenderá la intención de la comparación que plantea Palma Almendra, miembro desde 1980 de la Academia de la Investigación Científica.
“La abstracción es necesaria para la rigurosidad del científico y a mí me gusta la abstracción”, comenta el investigador, quien motivado por su fascinación por la verdad, la cual según su opinión solo la filosofía natural es capaz de construir, ha publicado más de 70 artículos en revistas indizadas internacionales, así como tres capítulos de libros, en su mayoría sobre un campo del conocimiento muy especializado: el principio de Franck-Condon.
El primero en ascender al nivel III del SNI
A lo largo de más de 50 años de trayectoria académica, sus investigaciones le han valido múltiples reconocimientos. En 1999, el Ayuntamiento de Puebla le otorgó el Diploma Cédula Real de la Fundación de Puebla y en 2015 la BUAP lo distinguió con la Medalla al Desempeño y Trayectoria Docente.
Aunque su formación académica es la de un físico, desde las matemáticas ha desarrollado diversas formulaciones teóricas sobre el así llamado principio de Franck-Condon, espectroscopia y química cuántica, la cual explica la intensidad de las transiciones vibrónicas.
De su estudio pasó a un área de las matemáticas más sofisticada aún: "las álgebras de Lie", llamada así en honor al matemático noruego Sophus Lie. “Las matemáticas abstractas me gustan mucho”, insiste el primer investigador de la BUAP en ascender, en 1990, al nivel III del SNI, la más alta categoría de este padrón.
El poder de lo abstracto
Cuando estudiaba la Licenciatura en Física, en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), su campo de estudio era llamado física atómica o física molecular. Más tarde se dio cuenta que según el grupo de investigación es el nombre. “Unos le nombran química cuántica, otros química teórica. Pero el campo es el mismo y el nombre es irrelevante”, afirma.
Y es que para él, la física molecular es la madre de muchos campos de la ciencia y la tecnología. Los últimos avances científicos se discuten a nivel molecular, en áreas como la biología, la medicina y la genética moleculares. En los años 50 y 60 ni siquiera se soñaba con sus aplicaciones, como nuevos fármacos, nanomateriales, catalizadores y semiconductores.
Gracias a que en los 90 se descubrió el fullereno Carbono 60: una molécula similar a un balón de futbol, esta área de la ciencia tuvo un crecimiento exponencial del que nacieron los conceptos nano, como nanociencia y nanotecnología.
Fue pues en la física molecular donde el científico de la BUAP continúo su carrera, ya desde aquel entonces en el estudio del "principio de Franck-Condon", análisis que derivó en numerosos trabajos con enfoque matemático, varios publicados en revistas especializadas de circulación internacional. De ahí, poco a poco, incursionó con "las álgebras de Lie", una matemática más abstracta. Los conceptos teóricos que engloban estas propuestas, además de explicar lo que sucede a escalas nanoscópicas, hacen posible la miniaturización de las cosas.
