La diputada priista Rocío García Olmedo acusó a la bancada de Juntos Haremos Historia de haber hecho un proceso “desaseado” y dio muestra de las tablas que posee

Por: Mario Galeana

Entre errores en el procedimiento legislativo, acusaciones de albazos y una votación exprés, por iniciativa del bloque Juntos Haremos Historia el Congreso de Puebla aprobó por unanimidad la abrogación de la llamada Ley bala.

Sin embargo, la intempestiva abrogación de la legislación provoca una laguna legal respecto a la actuación de los cuerpos policiacos, en tanto no se presente una reforma que sustituya a la anterior. Es decir, el uso de la fuerza pública se encuentra bajo el criterio del jefe policial en turno.

Fue la coordinadora legislativa del PRI, Rocío García Olmedo, quien exhibió las irregularidades en las que incurrió el bloque Morena-PT-PES al proponer la abrogación de la ley sin previa consulta entre el resto de las fracciones, es decir, sin un profuso análisis.

La propuesta no fue enlistada en la orden del día de la sesión de ayer; su presentación fue incluida sólo entre los asuntos generales, por lo que las bancadas del PAN, PRD, Movimiento Ciudadano, Compromiso Por Puebla, Nueva Alianza, PVEM y PRI conocieron su contenido hasta el último momento de la sesión.

Morena y sus partidos aliados aludieron que la abrogación era de “urgente y obvia resolución” y, con ello, evitaron que fuera turnada a comisiones para poder ser dictaminada, como precisa regularmente el procedimiento legislativo de cada iniciativa que se presenta ante el Pleno.

Las bancadas del PRI, PAN y Nueva Alianza tildaron de “desaseado” e “irregular” el método por el cual Juntos Haremos Historia libró el análisis de la abrogación, pero se manifestaron a favor de que esta ley fuera modificada.

Tras una acalorada discusión, los 41 diputados locales votaron a favor de que la Ley bala sea considerada, a partir de los próximos días, letra muerta.

Una votación exprés

Aunque sea mayoritaria, la bancada de Juntos Haremos Historia requiere de cinco diputados para realizar reformas de tipo constitucional. Por ese factor, varias de sus promesas de campaña quedarán en el aire.

Quizá por tal razón, la noción de que la cuarta transformación ha llegado al Congreso de Puebla no pudo perder un solo día y, con la abrogación exprés de la Ley bala, jugó su resto.

El mensaje que trataron de mandar durante la iniciativa para abrogar esta ley intentó ser brutal y, mientras Mónica Lara Chávez (PES) daba voz a la propuesta en tribuna, dos diputados de Morena llevaron hasta el Pleno una gran corona de flores blancas.

Era, dijeron, una corona en alusión al niño José Luis Tehuatlie Tamayo: la víctima mortal de la aplicación de aquella ley durante los fatídicos hechos acontecidos en San Bernardino Chalchihuapan. Un pequeño rostro ensangrentado que la oposición usó tantas veces para condenar al gobierno de Rafael Moreno Valle.

Pero el mensaje perdió fuerza precisamente en la voz de Lara Chávez. Se equivocó tres, cinco, todas las veces que intentó pronunciar el nombre de José Luis. O dijo “Josué” o dijo “Tehuitle” o dijo cualquier otra cosa.

Al terminar, el coordinador legislativo de Nueva Alianza, Gerardo Islas Maldonado, tomó la tribuna para anunciar que su bancada votaría a favor de la propuesta y pidió al resto de los grupos legislativos hacer lo propio.

El error de Morena

Para entonces, una sigilosa reyerta se libraba en la curul de García Olmedo, quien es una de las más experimentadas diputadas de la LX Legislatura. Gabriel Biestro Medinilla, quien recién había sido nombrado presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política, caminó hasta allí para escuchar el minucioso reclamo de la coordinadora legislativa del PRI.

—¡No pueden hacer eso, Gabriel! ¡No pueden meter esto en asuntos generales, como si fuera cualquier cosa! Este también es uno de nuestros temas, estamos a favor de que se abrogue, pero no puede ser así. Es muy desaseado.

Biestro sólo asintió y volvió a su curul. Entonces fue el turno de Ignacio Molina, el brazo jurídico del presidente de la Mesa Directiva, José Juan Espinosa Torres, quien escuchó un reclamo idéntico por parte de la diputada priista. Para entonces, en la tribuna ya habían dado su aval a la propuesta los diputados Carlos Alberto Morales Álvarez y Uruviel González Vieyra, de Movimiento Ciudadano y Compromiso Por Puebla.

La inconformidad de García Olmedo no resistió mantenerse bajo el velo y llevó, con una voz especialmente nítida, la explicación de su reclamo ante la tribuna:

—Es preocupante para el PRI el procedimiento que se está presentando en este momento: no podemos dejar establecido que en asuntos generales se inicie el procedimiento legislativo de iniciativas de ley. Debe enlistarse con antelación para que los grupos legislativos tengamos la oportunidad de preparar el análisis y el debate correspondientes, que de eso se trata este parlamento. ¡Por supuesto que estamos de acuerdo con que se analice y debata! ¡Son temas de alta prioridad para Puebla! Pero esto, compañeros y compañeras, tal y como se está manejando, bien puede ser considerado un albazo legislativo.

En dos minutos, la diputada priista desgranó la violación técnica al reglamento interior y al procedimiento legislativo en la que incurrieron Morena y sus aliados: que por muy deseable que sea la abrogación de la ley, eliminarla sin aspavientos ni el mínimo análisis es igual a cometer un error doble. Que ni siquiera durante los siete años en los que el morenovallismo mantuvo el control total del Congreso se ejecutó una votación de este tipo.

—¡Es dejar una laguna enorme! —me dijo más tarde, en entrevista telefónica—, porque al menos cuando se deroga una ley, se sustituye un marco por otro. Pero ahora estamos en una laguna: se puede estar en contra o a favor de la Ley bala, pero al menos cubría la forma de actuación de la policía. Ahora no tenemos nada. Por eso dije que su votación fue un atropellamiento. Es convertir al Congreso en una jungla. Si así se va a votar de ahora en adelante que me digan: tengo cinco reformas a la Constitución que puedo meter en asuntos generales y sanseacabó.

Tras la lúcida explicación de García Olmedo en tribuna, Espinosa Torres tomó la palabra para decir que la abrogación de la Ley bala era de urgente y obvia resolución porque en cualquier momento podría presentarse una nueva protesta y la policía tendría margen para usar balas de goma si eso quisiese.

No dijo, porque la votación se iría al traste, que la fugaz eliminación de la ley permite, en este instante, que los policías actúen conforme a su propio juicio: posiblemente sea peor que las balas de goma.

La oposición toma vuelo

El pronunciamiento de García Olmedo dio una bocanada a la oposición en el Congreso, que —limitados en experiencia legislativa— no habían cuestionado los métodos del bloque mayoritario de Juntos Haremos Historia.

Islas Maldonado, de Nueva Alianza, exigió a los integrantes de Morena a la mayoría de izquierdas “no volver a conocer el orden del día” a través de la columna del periodista Rodolfo Ruiz, quien por la noche anterior, había anticipado que el partido lopezobradorista presentaría esta abrogación a la ley.

El coordinador del PAN, Marcelo García Almaguer, fue más allá: “El discurso de café de los portales debe quedar atrás. Ha quedado evidenciada la falta de pericia y conocimiento técnico de la Mesa Directiva”, dijo.

Al final, ocho diputados del PAN, Nueva Alianza y PRI votaron en contra de que se dispensara el envío de la iniciativa a abrogaciones y se votara en ese instante. Pero la mayoría se impuso.

Casi al instante, la diputada Tonantzin Fernández (Morena) subió a tribuna para presentar una nueva propuesta de abrogación de ley: la de Expropiación del Estado.

Sí: Morena preparaba otro albazo.

Pero mientras Fernández daba lectura a la propuesta, García Olmedo y otros diputados del PAN agitaban la mano y gritaban no, no, no.

Espinosa Torres, con una sonrisa sarcástica, preguntó a la diputada local si solicitaría que se evitara el trámite correspondiente, su análisis. Fernández volteó hacia Biestro y el gesto lo dijo todo: no.

El albazo fue ahogado, y la iniciativa turnada a comisiones.

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