Las mentiras de AMLO

El problema de la transformación de cuarta que nos pretenden vender el nuevo grupo en el poder es la mentira. El mejor ejemplo es AMLO, quien en menos de 11 días cambió por completo su discurso respecto a la finanzas del Estado mexicano para justificar que no podrá cumplir con todas sus promesas de campaña. Pronto comprendió que una cosa es la realidad y otra su ilusión de país. En casi dos semanas pasó de afirmar que recibió “un país estable y sin crisis económica” a decir que “el país está en bancarrota”. Este peligroso doble juego desenmascara una tónica a la que muy posiblemente nos tengamos que enfrentar permanentemente. ¿Será?

 

Esquizofrenia a la Espinosa

Uno de los principales lucros políticos que el porro mayor del Congreso local, José Juan Espinosa Torres, utilizó como bandera contra el morenovallismo fue el despido que hizo de miles de burócratas del gobierno del estado. Una y otra vez su perorata incluyó a los rescindidos. Sin embargo, su primera acción como presidente de la Mesa Directiva del Congreso del estado fue dar de baja a 76 trabajadores, a quienes calificó como aviadores sin que hasta la fecha haya presentado alguna prueba que confirme su dicho. ¿Será?

 

¿Quién manda en el Congreso?

No es por amarrar navajas, pero cada día crece la el rumor de que está por iniciar una soterrada lucha por el control del Congreso del estado. Por un lado, tenemos a José Juan Espinosa Torres, quien es el presidente de la Mesa Directiva, la cual concluye en marzo de 2019. Por el otro, Gabriel Biestro Medinilla fue electo como presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Poder Legislativo. El primero tiene experiencia legistativa, el segundo es un ignorante total de dichos menesteres. El primero, dicen las malas lenguas, ha confiado a sus más cercanos que eso bastará para tener los hilos amarrados. ¿Será?

 

Ley Bala, grave retroceso

En sus ansias por justificar que trabajan e intentar ganar el juego de percepciones, la mayoría de la coalición Juntos Haremos Historia abrogó la famosa Ley bala, que permitía el uso de armas de fuego para disuadir manifestaciones. El problema es que al desaparecer dicha norma, los cuerpos policiacos quedaron a la buena de Dios y su comporamiento regresará a la peligrosa actuación discrecional. Morena y sus aliados en su inefable afán desaparecieron un marco normativo y no lo sustituyeron por otro. Pudieron hacer las cosas bien, pero no lo quisieron. Ese es el costo de tener una legislatura de inexpertos y porros. ¿Será?

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