La Quinta Columna
Por: Mario Alberto Mejía / @QuintaMam 

Algunos de los nuevos diputados de MORENA en la LX Legislatura son chambones.

Su ignorancia es más grande que sus curules.

Creen que el pueblo votó por ellos por su sabiduría y gran carisma.

Olvidan que iban en un tren guiado por López Obrador.

Su calidad de chambones los ha llevado a decir todo de tipo de tonterías en los pocos días que lleva la nueva legislatura.

Un caso emblemático de lo que digo son José Juan Espinosa y Héctor Alonso Granados.

Cuando uno cree que lo ha visto todo, surge un nuevo ridículo que borra el anterior.

Rocío García Olmedo se ha encargado de exhibirlos a plenitud.

Ya se cruzan apuestas en las galerías en el sentido de quién de los dos supera al otro.

Y es que como presidente y vicepresidente de la Mesa Directiva tendrían que ser más cautos e institucionales.

Espinosa tendría que leer y releer el artículo 73 del Reglamento Interior del Congreso:

“El presidente debe velar por los equilibrios. No puede manifestarse por un legislador o grupo parlamentario desde la Presidencia de la Mesa”.

Sí lo puede hacer en su calidad de diputado en la Tribuna, pero no puede estar aplaudiendo desde la silla de la Presidencia a tal o cual diputado.

Al rato va a querer abuchear a quien no le parezca.

La misma obligación la tiene Héctor Alonso Granados.

Lo cierto es que les importa un carajo el reglamento y el procedimiento legislativo.

Por cierto: qué revés tuvieron el viernes pasado, cuando observaron que su mayoría absoluta no les da para mucho.

Lo peor es que con su beligerancia lograron unir a la oposición en su contra.

Ya entendieron que la vida legislativa no es como pensaban.

Quien vive en una ilusión brutal es la diputada Vianey García, a quien hicieron presidenta de la Comisión de Gobernación.

En su ignorancia supina, la diputada de MORENA confundió el día de la instalación de la Mesa Directiva “legislación” con “legislatura”.

Tres veces exhibió el músculo de la ignorancia en la Tribuna al jurar que ésta será una “legislación histórica”.

No sabe que legislación es un conjunto de leyes por las cuales se regula una actividad determinada.

Alguien ya le habrá dicho que legislatura es el periodo de funcionamiento del órgano legislativo.

Y si no se lo han explicado ahora lo está aprendiendo.

El caso es que a la diputada la hicieron presidenta de una de las comisiones más importantes del Congreso pese a su gran carga de ignorancia.

Y lo primero que dijo la exhibió peor aún.

Vea el hipócrita lector:

Pidió no caer en el machismo, pues le empezaron a llover descalificaciones debido a su escasa experiencia.

Vianey estudió Ciencias de la Comunicación recientemente y no tiene la menor idea de lo que es un Congreso.

Peor aún: ignora cuáles son las funciones de la Comisión de Gobernación.

Vean esta ingenua declaración que hizo una vez llegando:

“A Eukid Castañón —ex presidente de la Comisión de Gobernación— no se le preguntó si tenía o no experiencia, ni a quienes la ocuparon antes. Soy la mujer más joven, con 24 años de edad. Sin embargo, hay la mayor disponibilidad para sacar avante todas las iniciativas que se quedaron en la congeladora, que son 277, y que habrá que revisar cada una de ellas”.

Su capacidad oratoria va de la mano con su audacia.

Y es que, en efecto, nadie le preguntó a Eukid Castañón si tenía experiencia debido a que su trayectoria mataba cualquier duda.

A diferencia de Vianey García, Castañón venía de haber sido coordinador de asesores del contralor general del estado y del secretario de Gobernación.

A su paso por Finanzas, estuvo al frente de un órgano clave en esa Secretaría, además de que venía de ser subsecretario de Gobernación y contralor.

Por si fuera poco, antes de ser diputado ya era uno de los operadores más cercanos y eficientes del entonces gobernador Moreno Valle.

La ingenuidad de la diputada la retrata de cuerpo entero.

Ufff.

 

 

Las Dudas Matan

¿Por qué José Juan Espinosa está tan obsesionado con Víctor Carrancá?

¿Cada vez que puede —y puede mucho— se va en su contra?

Lo quiere fuera de la Fiscalía y metido en un juicio político.

Las cuentas le han salido tan mal que no ha logrado su doble cometido.

¿Qué tiene que ver en este enredo una investigación por enriquecimiento ilícito —por un patrimonio de más de 88 millones de pesos— que sigue su curso en la Fiscalía General del Estado?

¿Ahí estará la clave de la fobia desatada en contra de Carrancá?

Las dudas matan.

Y quitan el sueño.

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