Economía, Política y Otros Pecadillos
Por: Michel Chaín Carrillo / @MichelChain
Economía
La relación entre el gobierno de (Andrés Manuel) López Obrador y las principales cámaras empresariales a nivel nacional es tan cordial como improductiva.
De manera contraria a lo sucedido durante la década pérdida de los setenta y ochenta, cuando los caprichos económicos de Echeverría y López Portillo generaron una fuerte oposición de los principales grupos empresariales del país, en la actualidad hay mucha cordialidad entre los representantes empresariales y el Ejecutivo Federal. Con la excepción de Coparmex de Guillermo de Hoyos, que se ha manejado con una postura crítica, constructiva y moderada, el resto de las cámaras parecen haber sucumbido ante los encantos de Poncho Romo quien, de haber sido el hijo menos querido del Grupo Monterrey, se ha mantenido contra viento y marea como Jefe de Oficina de la Presidencia.
Desafortunadamente, la buena relación entre los organismos empresariales no se ha traducido en beneficios para el país ni para los ciudadanos, ya que no se invierte en la economía mexicana, se dejan de generar empleos formales y la economía simplemente no crece.
La inversión, que genera tanto los empleos formales como el dinamismo económico, va mal y de malas. A pesar de todas las visitas a Palacio Nacional, apapachos y fotos con los “hombres de negocios”, la verdad es que hay una enorme desconfianza por el manejo del país y, en consecuencia, no se invierte: tan sólo julio de 2019 la inversión fija bruta cayó 9.1% respecto a julio de 2018 y, desde diciembre de 2017, sólo en dos ocasiones ha mostrado signo positivo en su medición mensual.
En cuanto a la generación de empleos formales las estadísticas del IMSS son demoledoras: de enero a agosto se han generado 46% menos empleos que en el mismo periodo que en 2018 y es la peor generación de empleos formales desde la crisis de 2009. Y de la falta de crecimiento económico no hay mucho más que decir: en campaña López Obrador hablaba de crecer al 6% y hoy tiene que hacer entuertos porque en su primer año de gobierno se espera que el país crezca 0.6%.
En este 2019, la economía mexicana no cayó aún más por la solidez macroeconómica que el país ha construido a lo largo de décadas y porque el sector exportador alcanzó a aprovechar el dinamismo de la economía norteamericana. En un 2020 donde la economía gringa espera crecer a un ritmo menor, no se termina de solucionar la guerra comercial con China y donde la economía de Alemania también pierde fuerza, el escenario para México puede ser de espanto.
Política
Parece que en este país se nos olvida que la principal herramienta de trabajo para quienes se dedican a la “política”, entendida para efectos prácticos como la actividad de todos ellos que buscan influir en la realidad que vive el país ya sea por medio de la vía electoral, el activismo, el servicio público, los partidos políticos o a través de sus opiniones en medios de comunicación, es la palabra.
Por medio de la palabra (ya sea impresa o hablada, en persona o en medios electrónicos) es que se logra llegar al resto de los ciudadanos y convencerlos, involucrarlos, espantarlos o emocionarlos. Gracias a la palabra iniciaron las grandes construcciones sociales; pero tergiversándola, con dolo o ignorancia, se han abierto las puertas a guerras y genocidios.
En México estamos siendo testigos de cómo la palabra está siendo tergiversada para provocar niveles de polarización social que, por lo menos desde la época de consolidación del “régimen de la revolución”, no se veían. En este contexto todos, ya sea por acción o indulgencia, somos responsables en cierto grado de los excesos discursivos que incitan la división y el encono y, del mismo modo, todos podemos ser sus víctimas. Sin embrago, quienes hemos optado por hacer de la palabra nuestro instrumento de trabajo tenemos una doble responsabilidad: no podemos incitar a que hagan arder las praderas y luego alejarnos diciendo que es responsabilidad del dueño de los cerillos.
Hoy como pocas veces antes, y ante la caja de resonancia y distorsión que son las redes sociales, somos relativamente dueños de nuestros silencios, pero esclavos absolutos de lo que nuestras palabras puedan provocar. Hay que enamorarnos nuevamente de la palabra para cuidarla y, por medio de ella, volver a soñar en construir un mejor mañana.
Otros Pecadillos
No me puedo imaginar qué se debe sentir ser un chavo mexicano de 14 años, correr de manera profesional en Fórmula 4 y ser fuente de inspiración.
Recientemente tuve la oportunidad de conocer a Eloy Sebastián López Falcón quien, con sus 14 años cumplidos, presume de una experiencia de 10 años en el deporte motor. Menudo, delgado y con la timidez propia de su edad, es todo un profesional que, arropado por su papá y su abuelo, se dedica a entrenar y demostrar que no hay mejor regalo que los triunfos que se obtienen gracias a la disciplina, el esfuerzo y el talento. Y cuando lo hace, además, inspira.
Así lo hizo ya con la escudería de Carlos Slim que lo tiene fichado. Lo hizo también con el entrañable artista plástico Rosendo Pinacho, quien decoró el auto de Eloy que va a utilizar esta temporada e hizo una serie de intervenciones alusivas a las carreras de autos. Lo hizo con el siempre creativo y talentoso Ricardo Arnaiz, productor entre otras cosas de “La Leyenda de la Nahuala”, quien ya cocina proyectos inspirados en Eloy.
A los 14 años se suele tener la vida por delante, pero no mucho más. Tener 14 años, haber hecho de tu pasión tu proyecto de vida y, encima de todo, inspirar a gente de todas las edades y procedencias con tu trabajo, es algo que no estamos acostumbrados a conocer ni a reconocer en México. Y deberíamos trabajar para tener más casos así y darlos conocer. Necesitamos menos divisiones y más Eloys.
