Por: Guadalupe Juárez
TEhuacán, Puebla. El presidente municipal Felipe Patjane Martínez rendía su primer informe en un pequeño salón al fondo del Palacio Municipal.
Todo parecía ir bien en la caja de cristal construida para este día: rodeado de la gente que aplaudía con cada oración ‒aún sin terminar‒, la asistencia del gobernador Miguel Barbosa, alejado de las voces que gritaban: “Fuera Patjane, fuera Patjane” ‒contenidas por vallas de metal y un filtro meticuloso que evitaba la entrada a cualquiera‒, el telepromter sin trabarse...
Enfundado en un traje bastante holgado para su complexión, tardó más de una hora en enlistar sus “logros”, pero lo que parecía un informe exitoso, pronto se convertiría en una tarde que no podría olvidar.
Sus invitaciones al gobernador para degustar un mole de caderas se encontraron con la expresión más fría del mandatario estatal, quien fija su vista en la nada y evita hacer contacto visual con él al ver su reloj o mover sus pies con desesperación.
Los aplausos de los demás, que ahora lo apapachaban y le permitían dar pequeños sorbos a su botella de agua de litro y medio, y limpiarse el sudor del rostro con un pañuelo, estarían en unos minutos en su contra.
Las palmas chocando entre sí ahora son para cada palabra del Ejecutivo poblano, que desde el inicio de su intervención es tajante con el desempeño del edil morenista.
“Vengo y me encuentro con diferentes formas y estilos para abordar este acto protocolario y rendición de cuentas para informar a la ciudadanía, donde siempre son opiniones optimistas de quien lo hace. No podría ser de otra forma, lo entiendo perfectamente. Si lo que me informa concuerda con la realidad pues, se va a recibir el aplauso y la aceptación de la gente. Si no es acorde con la realidad, se va a recibir el rechazo de la gente. Esto es así. No se trata de reunir a un grupo de incondicionales en un salón y aplaudir y aplaudir y aplaudir. Se trata de que afuera la sociedad en general reconozca que lo que se informa es la realidad”, lanza.
Con ese primer balde de agua fría, al presidente municipal no le queda otra cosa por hacer que aplaudir al igual que el resto de sus invitados.
Pero Barbosa Huerta no se contiene. También lo acusa de haber llenado su gabinete de priistas y ex priistas, cuando él le había recomendado integrarlo por ciudadanos. Si todo no sonaba negativo, el mandatario estatal revela que el Ayuntamiento está en quiebra y endeudado.
Así, el gobernador sentencia que Tehuacán no es una administración que haya entendido que tendrían que haber puesto en marcha un cambio de régimen, sino vieron su victoria en las urnas como una transición de partido.
—Que los regidores dejen de candidatearse —grita alguien.
—No van a ser candidatos. Te lo aseguro. Así como están con la relación con la gente, nadie de este Ayuntamiento va a ser candidato —responde el gobernador.
LA SALVACIÓN Y EL REPROCHE
A pesar del reproche en su voz, Barbosa Huerta suaviza su discurso cuando respalda al Ayuntamiento.
“Y decirles que yo voy a apoyar a este Ayuntamiento. Voy a apoyarlo porque estoy con las autoridades democráticamente electas por el pueblo. Esa es su condición”.
Pero la sombra de las urnas se asoma de nuevo: “Yo confié en ellos,
porque si yo hubiera querido no hubieran sido candidatos, pero confié en ellos
y me fallaron. Hoy tengo que apoyarlos porque fueron democráticamente electos,
por un tsunami electoral que se llama Andrés Manuel
López Obrador”, concluye con el discurso que rompió la caja de cristal del
alcalde de Tehuacán.
