Maestras y maestros de artes, particularmente de las áreas de danza y teatro, denunciaron la precarización laboral que enfrentan al impartir clases en escuelas, donde los pagos por hora clase oscilan entre 80 y 100 pesos, además de que se les asignan cargas de trabajo reducidas que, en algunos casos, no superan las cuatro o cinco horas semanales.
Las y los docentes, quienes pidieron el anonimato, explicaron que en los planteles educativos donde laboran el pago promedio es de 80 pesos por hora, bajo esquemas que limitan el número de grupos asignados, lo que se traduce en ingresos insuficientes para cubrir necesidades básicas y sostenerse de manera digna.
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Asimismo, señalaron que, pese a la preparación profesional, la formación académica y la experiencia que se les exige, las materias artísticas continúan siendo consideradas secundarias dentro del sistema educativo, impactando directamente en sus condiciones laborales.
Un profesor de danza, que decidió mantener el anonimato para conservar su empleo, compartió que incluso en instituciones donde las condiciones son consideradas “de las mejores”, el panorama sigue siendo limitado y desfavorable.
En secundarias, detalló, el pago alcanza los 90 pesos por hora, con apenas cinco clases a la semana, mientras que en el nivel medio superior el salario es de 100 pesos por hora, con el mismo número de grupos asignados.
“Aunque el pago es un poco más alto, sigue sin ser suficiente. No puedes sostenerte sólo con eso”, explicó el docente, al referirse a la imposibilidad de cubrir gastos básicos con esos ingresos.
Ante este escenario, maestras y maestros se ven obligados a dobletear jornadas en otras escuelas o en academias especializadas en artes, donde el pago por hora puede rondar los 300 pesos.
Sin embargo, incluso en estos espacios las cargas laborales son limitadas, con apenas dos o tres horas semanales, lo que impide compensar realmente los bajos salarios obtenidos en las escuelas formales.
“Sumas trabajos, te mueves de un lugar a otro y aun así no alcanza. No hay estabilidad ni certeza económica”, señaló otra docente, también de manera anónima.
Esta situación, dijeron, impacta los procesos educativos, ya que la alta rotación de personal y el desgaste laboral afectan la continuidad y la consolidación de proyectos artísticos en las escuelas.
Egresados, sin empleo
Los docentes cuestionaron la falta de congruencia entre la formación universitaria en artes y las condiciones reales del campo laboral.
Señalaron que, pese a cursar licenciaturas y estudios especializados, las y los egresados enfrentan bajos salarios y escasas oportunidades de empleo digno.
Explicaron que ingresar a las universidades de bellas artes implica años de preparación técnica, teórica y pedagógica, así como una importante inversión económica, sin que ello se refleje en mejores condiciones salariales.
Indicaron que muchos jóvenes titulados se enfrentan a contratos por hora clase, sin prestaciones y con ingresos que no corresponden a su grado académico.
En este contexto, consideraron que la situación genera frustración y desánimo entre quienes optan por estudiar artes, ya que el esfuerzo académico no se traduce en estabilidad económica ni en desarrollo profesional.
Finalmente, coincidieron en la necesidad de replantear las políticas educativas y culturales, para que la formación universitaria en artes esté acompañada de condiciones laborales dignas, acordes al nivel de preparación profesional.

