La crisis interna en Irán entró en una fase crítica tras más de dos semanas de protestas masivas, originadas por el encarecimiento de la vida y el colapso de la moneda.

Lo que inició como un reclamo económico se transformó en un desafío político directo contra el régimen teocrático, aumentando la tensión social y la respuesta represiva del Estado iraní.

En este contexto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una advertencia contundente al régimen iraní ante la posible ejecución de manifestantes.

Trump afirmó que “tomará medidas muy contundentes” si las autoridades iraníes comienzan a ahorcar a los protestantes, responsabilizando a los funcionarios por la violencia.

A través de redes sociales, el mandatario aseguró que los responsables “pagarán un alto precio” y prometió a los ciudadanos iraníes que “la ayuda está en camino”.

Además, anunció la cancelación de reuniones diplomáticas con Irán hasta que cesen los asesinatos durante las protestas.

Mientras tanto, el gobierno iraní cortó el acceso a internet y bloqueó llamadas internacionales, dificultando la verificación independiente de los hechos.

A pesar del apagón informativo, videos y testimonios difundidos muestran represión severa, cuerpos en calles y morgues de Teherán con bolsas mortuorias.

Las cifras de víctimas son discrepantes. Trump habló de un número considerable de muertos, mientras CBS News citó estimaciones de hasta 20 mil fallecidos.

En contraste, HRANA reportó cerca de 2 mil muertos y más de 16 mil 780 detenidos, sin cifras oficiales del gobierno.

Las autoridades iraníes aseguran que la situación está bajo control, acusando injerencia extranjera y justificando las restricciones como medidas de seguridad.

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