El presidente Donald Trump volvió a encender la tensión internacional al reiterar su exigencia de que Groenlandia quede bajo control de Estados Unidos, al considerar que su ubicación es clave para la seguridad global. A través de Truth Social, Trump sostuvo que la OTAN “debería liderar el camino” para concretar esta idea y lanzó una advertencia directa: “Si no lo hacemos, China o Rusia lo harán”.

Las declaraciones coincidieron con una reunión en Washington entre el vicepresidente J. D. Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y representantes de Dinamarca y Groenlandia, luego de que Copenhague solicitara abrir un canal diplomático para contener la crisis.

El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, fue contundente: “Groenlandia no quiere ser propiedad de nadie”, subrayando que, ante una elección forzada, su país se mantiene junto a Dinamarca. En la misma línea, la primera ministra danesa Mette Frederiksen calificó la presión estadounidense como “totalmente inaceptable”.

Como respuesta, Dinamarca anunció una mayor presencia militar alrededor de la isla mediante ejercicios conjuntos con aliados europeos, incluida Suecia. A nivel continental, Francia confirmó la apertura de un consulado en Nuuk, mientras Bruselas reiteró que el futuro del territorio pertenece a su población.

La disputa se explica por el avance del deshielo ártico, que abre nuevas rutas marítimas, y por la riqueza de metales, tierras raras, petróleo y gas. No obstante, expertos como Michael McFaul, exembajador durante el gobierno de Barack Obama, calificaron la narrativa de Trump como “absurda y dañina”, al recordar que Dinamarca es miembro de la OTAN y que Groenlandia no enfrenta una amenaza de invasión real.

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