Irreverente, crítico y con un humor incómodo que no envejece, Sergio Arau vuelve al centro del debate cultural y político. A casi 22 años del estreno de Un día sin mexicanos, la cinta ha resurgido como una profecía cinematográfica frente al endurecimiento del discurso antimigrante durante la administración de Donald Trump.
El propio Arau ironiza al afirmar que Trump se ha convertido en su “mejor promotor”, ya que el contexto actual ha llevado a que la película sea proyectada nuevamente en cinematecas de París y Madrid, donde el mensaje cobra nueva fuerza. Para el creador, el cine político no siempre necesita discursos explícitos: “No es a fuerza protestar”, asegura, al señalar que existe un miedo real a represalias, incluso para ciudadanos estadounidenses.
El músico y cineasta reconoce que no ha sido testigo directo de operativos del ICE, pero sí de problemáticas profundas como la crisis de personas sin hogar y el impacto del fentanilo, temas que —dice— suelen ser ignorados por la agenda política dominante. En ese contexto, valora las manifestaciones simbólicas de actores como Mark Ruffalo, aunque subraya que no todos pueden o quieren alzar la voz públicamente.
Paralelamente, Arau se prepara para volver a los escenarios mexicanos con Tocada y Fuga, un proyecto musical y escénico que mezcla stand up, rock y música clásica deformada con ironía. El espectáculo tendrá presentaciones en el Festival Alfonso Ortiz Tirado (27 de enero, Álamos, Sonora) y el Teatro Esperanza Iris el 20 de febrero de 2026, confirmando que su arte sigue siendo tan incómodo como vigente.

