Este 21 de enero se conmemora el Día Internacional del Abrazo, una fecha que promueve el contacto humano, el afecto y la conexión emocional.

La celebración fue propuesta en 1986 por el pastor y psicólogo Kevin Zaborney, originario de Michigan, Estados Unidos.

Zaborney identificó que enero suele ser un mes emocionalmente complejo, posterior a las fiestas decembrinas y previo a San Valentín.

Este periodo se asocia con estados de ánimo bajos y con el llamado Blue Monday, considerado el día más triste del año.

El impulsor de la fecha observó que muchas personas tienen dificultades para expresar afecto en público.

Su teoría señalaba que un gesto tan simple como un abrazo podía mejorar el estado de ánimo y reforzar vínculos afectivos.

Un abrazo estimula la producción de oxitocina, conocida como la hormona del amor, generada en el cerebro por el hipotálamo.

De acuerdo con la Escuela de Medicina de Harvard, esta hormona reduce estrés y ansiedad.

Además, la oxitocina también se activa mediante actividades como ejercicio físico, cantar o la risa.

Especialistas de la UNAM, como Alicia Castillo y Manuel González Oscoy, recomiendan dar o recibir cuatro a ocho abrazos diarios.

Para que el efecto sea positivo, un abrazo debe durar al menos 20 segundos.

Entre los beneficios físicos destacan la disminución de la presión arterial y el fortalecimiento del sistema inmunológico.

También mejora la memoria, activa el sistema límbico e incentiva hormonas asociadas al rejuvenecimiento.

En el ámbito emocional, los abrazos reducen la ansiedad, fortalecen la autoestima y ayudan a combatir la soledad.

Este gesto no se limita al romanticismo, sino que fomenta empatía, cercanía y apoyo emocional, siempre con respeto y consentimiento.

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